Que una estonia de 47 años, ex primera ministra de un país sin apenas costa y con una visión dura hacia Rusia, se convierta en la jefa de la diplomacia europea tiene, en principio, poco que ver con el día a día de un patrón de bajura en Burela o de un armador de Vigo. Pero lo cierto es que la llegada de Kaja Kallas al cargo de Alta Representante de la Unión para Asuntos Exteriores —en sustitución de Josep Borrell— ya está provocando movimientos sísmicos que se sienten en la rula. Y no, no es solo ruido de Bruselas.
La nueva jefa de la diplomacia europea aterriza con una agenda marcada por el pulso geopolítico con Moscú y Pekín, y con la intención de endurecer las condiciones a terceros países que no alineen sus políticas con las de la UE. Para una flota como la gallega, que faena en caladeros de Marruecos, Mauritania, Senegal o incluso aguas del Ártico, cualquier giro en las relaciones exteriores es, directamente, un parte de pesca. De hecho, el 60 % del pescado que se subasta en las lonjas gallegas procede de caladeros situados fuera de la Unión Europea, según datos de la Confederación Española de Pesca. Tres veces más que la media del resto de comunidades autónomas.
Una diplomacia con sabor a salitre
Kaja Kallas representa un cambio de ciclo. Viene de un país que ha sido diana de la desinformación rusa y que ha liderado las sanciones contra Moscú. Esto, en principio, no debería alarmar a la flota gallega, que ya sufrió las restricciones a la importación de bacalao ruso. Pero la cosa se complica cuando miramos hacia el sur. Marruecos, por ejemplo, renovó su acuerdo pesquero con la UE en 2019, pero el pacto incluye las aguas del Sáhara Occidental, un contencioso que la nueva diplomacia europea podría abordar con menos contemplaciones que Borrell. Para Galicia, que envía al caladero marroquí a un centenar de barcos, eso es dinamita pura.
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Conoce más →“Cada vez que en Bruselas cambia el titular de Exteriores, en los puertos gallegos se encienden las alertas. No es cuestión de partidos, es cuestión de supervivencia: un tercio de nuestra flota depende de acuerdos con terceros países que la UE negocia con una mano y condiciona con la otra”, explica un portavoz de la Asociación de Armadores de Pesca de Vigo.
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Lo cierto es que la retranca gallega no oculta la preocupación. En las últimas semanas, los armadores han empezado a moverse, preguntando a la Xunta y a la Secretaría General de Pesca si la nueva alta representante va a priorizar la agenda de derechos humanos y medioambiental por encima de los intereses pesqueros. Y la respuesta, por ahora, es ambigua. Bruselas asegura que Kallas mantendrá un enfoque pragmático, pero su perfil político —liberal, firme con las autocracias— sugiere que los acuerdos comerciales llevarán pegadas cláusulas más estrictas.
Morriña de caladeros lejanos
Hay otro frente que preocupa especialmente en las Rías Baixas y en la Costa da Morte: la presión sobre países como Senegal o Mauritania para que firmen acuerdos de sostenibilidad. Kaja Kallas ha defendido públicamente que la UE debe usar su poder diplomático para impulsar la pesca responsable, incluso si eso implica reducir el número de licencias. Una postura que, trasladada a las negociaciones con países africanos, podría dejar a decenas de barcos gallegos sin permiso de faena. No es un escenario nuevo —ya pasó con Angola y con Guinea-Bisáu—, pero ahora el discurso llega con acento nórdico y menos paciencia.
Ahora bien, no todo son malas noticias. En el plano positivo, la nueva alta representante ha mostrado interés por reforzar la cooperación con países como Canadá o Noruega, donde la flota gallega tiene intereses en especies como el fletán o el bacalao. De hecho, en su primera comparecencia ante el Parlamento Europeo, Kallas mencionó la necesidad de “acuerdos equilibrados” que protejan tanto los recursos como los medios de vida de las comunidades costeras. Una declaración que, con algo de morriña, los armadores gallegos esperan que no quede solo en palabras. Porque esta terra vive del mar, y la nueva diplomacia europea —con Kaja Kallas al timón— se juega no solo la geoestrategia, sino también el pan de muchas familias.
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