La puja entre Carmen Calvo y Elena Fernández de la Vega por el control del Consejo de Estado ha trascendido ya los pasillos de la política madrileña. Lo que comenzó como una disputa institucional por la presidencia del máximo órgano consultivo del Estado se ha convertido en un quebradero de cabeza para las federaciones territoriales del PSOE, y Galicia no es una excepción.
El conflicto, que estalló hace apenas una semana, enfrenta a dos de las figuras históricas del socialismo español. Calvo, expresidenta del Congreso y exvicepresidenta del Gobierno, considera que su trayectoria le otorga derechos adquiridos para liderar la institución. Fernández de la Vega, que ya presidió el órgano entre 2018 y 2022, sostiene lo contrario. Ahora bien, más allá de las personalidades, el rifirrafe ha expuesto las costuras internas del partido en un momento especialmente delicado.
Las reacciones en la federación gallega
En Compostela, el asunto se ha debatido con más retranca de la habitual. Varios dirigentes del PSOE gallego consultados por este diario prefieren no mojarse públicamente, pero reconocen en privado que la imagen de guerria interna no favorece los intereses del partido de cara a los próximos comicios. «Cada vez que salimos en los medios por peleas deenchufados en Madrid, perdemos nosotros en las comarcas», confiesa un cargo provincial que pide anonimato.
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Conoce más →La exdiputada socialista por A Coruña María José Caride fue una de las pocas que rompió el silencio. En una entrevista radiofónica local, defendió la trayectoria de Calvo pero pidió «altura de miras» para resolver el conflicto. Sus palabras resumen el malestar de buena parte de la militancia gallega, que ve cómo el debate interno absorbe energía que debería dedicarse a los problemas de la terra: la despoblación rural, la vivienda o la crisis del sector del mar.
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Cabe recordar que el Consejo de Estado no es un órgano decorativo. Emite dictámenes vinculantes en la práctica sobre asuntos de gran calado, y Galicia tiene asuntos pendientes de su consideración que no son menores. El litigio por los vertidos de la mina de lithio en el valle de Lema, los recursos sobre el peaxe de las autovías autonómicas o los expedientes del transporte marítimo de pasaxeiros entre las rías figuran entre los asuntos que podrían verse afectados si la parálisis institucional se prolonga.
«Si el Consejo de Estado está ocupado en sus propias guerras, los asuntos gallegos sobre su mesa se quedan parados. Y eso nos cuesta tiempo y dinero a todos», advierte un letrado especializado en derecho autonómico.
De hecho, la última vez que el órgano tardó más de seis meses en pronunciarse sobre un expediente gallego, el proyecto de remodelación del puerto pesquero de Burela acumuló un retraso que acabó comprometiendo fondos europeos. Un precedente que nadie quiere repetir.
Un reflejo del estado del partido
Lo cierto es que la crisis del Consejo de Estado funciona como termómetro del estado de ánimo del socialismo estatal, y sus ondas expansivas llegan con fuerza a Galicia. La federación gallega atraviesa un momento de renovación silenciosa, con nuevos cuadros buscando espacio mientras las figuras históricas se aferran a sus posiciones. Que el ruido de Madrid contamine ese proceso es la principal preocupación de los dirigentes locales.
Mientras tanto, en los corrilillos del Congreso de los Deputados, los diputados gallegos intentan desmarcarse del asunto con la discreción que caracteriza a esta terra cuando hay tormenta en la capital. Algunos bromejan con la morriña, diciendo que por fin la echan de menos porque en Madrid solo se habla de esto. Pero detrás del humor hay una evidencia incómoda: cada crisis interna del PSOE debilita la voz de una comunidad que necesita interlocutores fuertes frente al Gobierno central y la Xunta.
La resolución del conflicto, previsiblemente, llegará desde Ferraz con un compromiso de podas por ambas partes. Pero el daño ya está hecho, y en Galicia, donde el PSOE necesita sumar territorio frente al bloque conservador, pocos se atreven a calcular el coste electoral de tantas fotos de enemistad. El tiempo, como suele decirse aquí, ya dirá.
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