El humo negro que se elevó sobre el polígono industrial de Zaragoza la pasada semana no solo alertó a los bomberos aragoneses. La imagen de una nave ardiendo sin control durante horas, con riesgo de propagación a industrias vecinas, encendió las alarmas en muchos ayuntamientos gallegos. Porque si algo tiene claro el sector, es que aquí también vivimos con ese riesgo latente.
Lo ocurrido en Zaragoza: un aviso para toda España
El incendio se declaró en una planta de reciclaje de la periferia zaragozana, donde el material acumulado actuó como combustible perfecto. Las llamas alcanzaron los 40 metros de altura y obligaron a confinar a varios barrios durante más de doce horas. Lo cierto es que no hubo víctimas mortales, pero los daños materiales superan los cinco millones de euros, según las primeras estimaciones de la aseguradora.
Pero lo que más preocupa a los expertos en prevención no es el tamaño del siniestro, sino la rapidez con la que se extendió. La falta de cortafuegos entre naves y la acumulación de residuos inflamables fueron determinantes. Ahora bien, cabe recordar que la normativa vigente obliga a mantener distancias de seguridad, aunque en la práctica, muchos polígonos españoles arrastran décadas de crecimiento desordenado. De hecho, en Galicia tenemos nuestro propio historial de sustos industriales, como el incendio de una fábrica de muebles en O Porriño en 2019, que estuvo a punto de alcanzar un depósito de gasóleo cercano.
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Conoce más →La situación en los polígonos gallegos: datos que invitan a la reflexión
Según el último informe de la Asociación de Parques Empresariales de Galicia (APEG), solo el 32 % de los polígonos de la comunidad cuentan con un plan de autoprotección actualizado. Esto significa que dos de cada tres áreas industriales gallegas carecen de un protocolo claro ante emergencias de gran escala. Una cifra que, mirada con perspectiva, triplica la media de países como Alemania, donde la exigencia es mucho mayor.
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Ver servidores VPS →La Xunta, por su parte, lleva años impulsando el Plan de Prevención de Riesgos en Polígonos, pero su ejecución avanza con lentitud. El problema, explican desde la Consellería de Industria, no es solo presupuestario: también hay una falta de cultura preventiva entre los empresarios. Muchos consideran que «eso no pasará aquí» hasta que llega el primer aviso. Y entonces, como ocurrió en Zaragoza, todo se juega en minutos.
“Lo de Zaragoza nos tiene que servir como un toque de atención. En Galicia tenemos polígonos con más de cuarenta años de antigüedad donde las instalaciones eléctricas no se han renovado y los accesos para bomberos son insuficientes. No podemos esperar a que ocurra una desgracia para actuar”, advierte Carlos Martínez, responsable de Seguridad Industrial de la Asociación de Polígonos de la provincia de Pontevedra.
Además de la falta de planes, hay otro factor que juega en contra: la orografía gallega. Muchos polígonos están encajonados en valles estrechos, con carreteras de acceso complicadas para vehículos de emergencia. En el caso de las rías, la acumulación de humo puede alcanzar núcleos de población en cuestión de minutos, como ya se vio en el incendio de una conservera en Ribeira en 2021, que obligó a desalojar varias viviendas.
Lecciones para la terra: prevención y coordinación
Lo primero que se puede aprender del incendio de Zaragoza es que la prevención no es un gasto, sino una inversión. Instalar sistemas de detección temprana, mantener libres las vías de evacuación y realizar simulacros periódicos reduce el riesgo de forma drástica. En Galicia, la Diputación de A Coruña ha puesto en marcha un programa piloto en cinco polígonos para instalar sensores de temperatura y humo conectados directamente con los centros de emergencias. Un paso en la buena dirección, pero aún muy limitado.
También es clave la coordinación entre las empresas del mismo polígono. En Zaragoza, varias naves colindantes no tenían un plan conjunto de respuesta, lo que provocó que los bomberos tuvieran que improvisar cortafuegos con maquinaria pesada sobre la marcha. En Galicia, experiencias como la del polígono del Tambre en Santiago, donde las empresas se han agrupado en una asociación de seguridad compartida, demuestran que la unión hace la fuerza. Allí cuentan con una centralita propia y un equipo de primeros auxilios entrenado.
Lo cierto es que la morriña por el paisaje industrial gallego no debe nublar la realidad: muchos de nuestros polígonos necesitan una actualización urgente. La Xunta ha anunciado una partida de 12 millones de euros para la modernización de áreas empresariales, pero la pregunta que queda en el aire es si llegará a tiempo. Porque, como demuestra Zaragoza, cuando el fuego llama a la puerta, los minutos son oro. Y la retranca no sirve de nada si no hay un plan.
TITULO: ¿Podría ocurrir en Galicia? Lecciones del gran incendio industrial en Zaragoza
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