Podemos en horas bajas: la realidad nacional y su eco en Galicia
La política española anda revuelta y no es para menos. El reciente anuncio de Ione Belarra y de Irene Montero de apartarse de la primera línea política ha sacudido el tablero de la izquierda estatal. Ahora bien, más allá de los focos de Madrid, la pregunta que resuena en la terra gallega es clara: ¿qué futuro le queda a Podemos en Galicia? La morriña por los tiempos de cambio de 2015 contrasta con la incertidumbre actual. Y no es casualidad: los números de las últimas elecciones, tanto generales como autonómicas, dibujan un panorama complicado, cuando no directamente crítico.
A nivel nacional, Podemos ha pasado de ser la gran esperanza morada en la izquierda transformadora a ver cómo su espacio político se fragmenta y difumina. Con la marcha de Belarra y Montero, el partido afronta una crisis de liderazgo y de relato, mientras Sumar y otras formaciones le disputan el electorado. Ya no hay aquellos mítines multitudinarios ni la frescura de las primeras campañas. Lo cierto es que, en Galicia, la situación es aún más compleja. Aquí, la izquierda estatal nunca lo tuvo fácil, pero ahora la cuesta parece más empinada que nunca.
La izquierda gallega: fragmentación y búsqueda de sentido
En Galicia, Podemos irrumpió con fuerza en 2015, llegando a ser segunda fuerza en las generales y obteniendo representación en el Parlamento gallego bajo la marca En Marea. Sin embargo, ese brillo fue efímero. La ruptura de las mareas y las luchas internas pasaron factura. En las últimas autonómicas, la candidatura gallega de Unidas Podemos se quedó fuera del Parlamento por primera vez desde su creación. Un 3,9 % de los votos, muy lejos del umbral necesario, y tres veces menos apoyo que en 2016.
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Conoce más →El retroceso no es solo de Podemos, sino de todo el espacio a la izquierda del PSOE. La fragmentación —entre Sumar, Anova, Esquerda Unida y las propias mareas municipales— ha dejado al electorado gallego desorientado y, en muchos casos, huérfano de referentes claros. «La gente percibe que no hay proyecto común, que cada quien va a su bola», reconoce un responsable local de la formación morada. La retranca gallega, tan nuestra, se cuela en los cafés cuando se habla de la izquierda: «Aquí, cada uno arrima el ascua a su sardina», se escucha en las tertulias políticas compostelanas.
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Hosting WordPress →¿Hay espacio para un Podemos gallego?
La gran cuestión es si hay hueco para un Podemos con acento gallego. No es ningún secreto que las sensibilidades nacionalistas y los movimientos municipalistas tienen más arraigo aquí que las marcas estatales. De hecho, el BNG ha capitalizado buena parte del voto crítico con el PSOE, situándose como la principal alternativa progresista a nivel autonómico. El último dato lo dice todo: El Bloque logró más del 31 % en las autonómicas, mientras la suma de las izquierdas estatales no llega ni a un tercio de eso.
La marcha de Belarra y Montero no parece haber generado una ola de simpatía o renovación en las bases gallegas. Más bien, ha profundizado la sensación de orfandad política. «Nos vemos obligadas a repensarnos desde cero, pero sin recursos ni visibilidad», lamenta una militante de A Coruña. El desafío es doble: por un lado, reconstruir la organización interna en Galicia; por otro, articular un discurso que conecte con las preocupaciones de la gente —sanidad, empleo, despoblación rural— desde una óptica gallega y no solo estatal.
«Si la izquierda estatal no entiende la especificidad gallega, seguiremos perdiendo pie frente a opciones que sí lo hacen», advierte un miembro del Consello Cidadán Galego.
Quizá sea el momento, dicen algunos, de dejarse de experimentos importados y apostar por un sujeto político autóctono, capaz de hablar en gallego —literal y figuradamente— y de sumar sin tutelas desde Madrid. La historia reciente demuestra que, cuando la izquierda se fragmenta y se aleja de la realidad de la terra, la ciudadanía acaba mirando para otro lado. Y así, el futuro de Podemos en Galicia, tras la caída de sus principales referentes, se dibuja con más incógnitas que certezas. Pero si algo caracteriza a esta esquina atlántica, es la capacidad de reinventarse. Veremos si la izquierda estatal toma nota, o si la retranca gallega volverá a pasarles factura en la próxima cita con las urnas.
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