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Colapso en la justicia gallega: la reorganización pasa factura

Tribunales gallegos desbordados ante la reorganización judicial

La reciente entrada en vigor de la nueva ley de Justicia ha sembrado una notable confusión en los tribunales gallegos. Jueces, fiscales, personal administrativo y abogados se encuentran en plena adaptación a una reformulación de competencias y estructuras que, lejos de clarificar, está generando dudas y retrasos en la gestión de los procedimientos. Mientras los ciudadanos esperan respuestas, las sedes judiciales de la comunidad intentan encajar el golpe de un cambio legal que, por el momento, parece haber traído más preguntas que soluciones.

Los juzgados, en terreno movedizo

Quien se acerque estos días a la sede judicial de la calle Lalín, en el corazón de Ourense, notará enseguida un ambiente tenso. El trasiego habitual de togas y expedientes se ve ahora trastocado por la inseguridad sobre qué órgano es el competente para cada asunto. Un funcionario con más de dos décadas en el puesto lo resume así: «No sabemos si lo que hoy entra por registro acabará en manos de los mismos jueces o si lo enviarán a otro partido». Demasiado tiempo invertido en averiguaciones internas, en vez de resolver los litigios de los vecinos.

La reforma, que busca modernizar la organización judicial para adaptarla a las necesidades actuales, ha supuesto la redistribución de funciones entre los diferentes juzgados y tribunales. Sin embargo, la falta de instrucciones claras ha provocado que, en las primeras semanas, se multipliquen las consultas entre órganos, los expedientes se desplacen de un despacho a otro y las vistas se retrasen por simple indefinición competencial.

Fuentes judiciales admiten que el software de gestión aún no refleja los cambios, lo que obliga a realizar trámites manuales y a improvisar soluciones de urgencia. La Xunta ya ha recibido quejas formales por parte de varios decanatos, según confirman trabajadores del sector. A nadie se le escapa que el colapso de los juzgados gallegos es un problema de fondo que viene de lejos, pero la nueva normativa parece haberlo agudizado.

Abogados y procuradores, los primeros afectados

En la comarca de O Morrazo, varios letrados relatan situaciones casi surrealistas: demandas que vuelven al remitente, recursos que nadie quiere tramitar y clientes que preguntan por una cita que no llega. Un responsable del sector resume el sentir general: «Nos han cambiado las reglas sin manual de instrucciones». El desconcierto no distingue entre grandes despachos y abogados de oficio, pero el perjuicio a los ciudadanos es igual de tangible.

Pocas veces una reforma legal había generado tal unanimidad en su recepción: ni jueces ni abogados ni personal administrativo parecen satisfechos. La cifra de procedimientos pendientes, ya elevada antes de la entrada en vigor de la ley, amenaza con dispararse si no se aclaran pronto las directrices.

La administración reconoce la falta de adaptación

No es menor el dato de que la propia administración de Justicia gallega ha admitido, en comunicaciones internas, que la implantación de la reforma ha sido precipitada. El retraso en la actualización de los sistemas informáticos y la ausencia de formación previa han dejado a los profesionales en una especie de limbo operativo. Mientras tanto, las asociaciones de magistrados reclaman instrucciones claras y protocolos de actuación que permitan recuperar la normalidad procesal.

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Redacción Galicia Universal

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