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El Aston Martin convierte cada GP en un examen sobre la continuidad de un maltrecho Alonso

El Aston Martin convierte cada GP en un examen sobre la continuidad de un maltrecho Alonso

Fernando Alonso afronta en 2026 una temporada en la que cada gran premio se ha convertido en un interrogante sobre su continuidad después del fuerte varapalo sufrido en el arranque del Mundial en Melbourne. En el primer Gran Premio del año, disputado en Australia, el equipo Aston Martin-Honda ha mostrado un monoplaza irregular y muy castigador físicamente, lo que ha agravado las molestias cervicales y la lesión en la mano izquierda del piloto asturiano. La combinación de un coche que vibra y la superioridad de Mercedes en la pista explican por qué la situación del doble campeón preocupa a su entorno y a la afición. El balance deportivo y sanitario coloca a Alonso y al equipo ante decisiones incómodas a corto plazo.

La carrera inaugural dejó a la escuadra de Brackley como dueña y señora del fin de semana: un doblete de George Russell y Kimi Antonelli que llegó con diferencias abultadas respecto a sus rivales. Según la clasificación final, la pareja de Mercedes superó por más de quince segundos al grupo que lideraron personajes como Charles Leclerc y Lewis Hamilton, y llegó a aventajar en 51 y 54 segundos a Lando Norris y Max Verstappen, respectivamente. Esa distancia puso de manifiesto la preocupante brecha técnica entre los Mercedes y el resto de la parrilla, y ha reactivado el debate sobre posibles ajustes reglamentarios a lo largo del campeonato.

Para Aston Martin, el problema no es sólo la velocidad pura: el diseño del AMR26, alimentado por el motor Honda, transmite unas vibraciones que según el propio piloto resultan insoportables tras carreras largas. A su vez, en el box verde reina la decepción porque la firma cuenta con recursos y talento, con figuras como Adrian Newey en el organigrama técnico, y sin embargo el coche no responde a las expectativas. En la primera vuelta en Melbourne Alonso remontó desde la zona baja de la parrilla hasta colocarse décimo, una actuación que muchos calificaron como heroica, pero que al mismo tiempo subrayó lo que ya se teme: que cualquier gesto aislado sea lo mejor que pueda ofrecer el equipo en pista.

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Alonso, que cumple su vigésimo tercera campaña en la Fórmula 1 con 44 años y dos títulos mundiales en su palmarés (2005 y 2006), arrastra años de lesiones cervicales y el problema persistente en la mano izquierda fruto de accidentes previos. En declaraciones públicas previas a la cita australiana, el ovetense manifestó una confianza que algunos consideran indispensable para competir a alto nivel, pero su entorno reconoce que el desgaste físico y las exigencias del monoplaza están llevando al piloto al límite. Amigos y colaboradores del bicampeón admiten a este periódico que la situación le afecta anímicamente y le obliga a gestionar el dolor después de cada carrera.

Las expectativas de los seguidores, que el año pasado soñaban con que Alonso pudiera sumar una victoria sublime tras más de una década sin triunfos, se han moderado rápidamente. La última victoria del piloto español data de 2013 en Barcelona y, ante la realidad actual, alcanzar el podio con regularidad se antoja ya un objetivo ambicioso. En Aston Martin reconocen que la prioridad inmediata es mejorar la fiabilidad y la ergonomía del coche para que el castigo físico se reduzca; una solución a medio plazo que pasa por evolución aerodinámica y ajustes en la puesta a punto del tren de rodaje.

Fuera de Green Park, la lectura general del fin de semana es que Mercedes ha comenzado el año con un paquete técnico que le permite dominar en circuitos variados, y que los equipos históricos como Ferrari y Red Bull alternarán altibajos. La distancia marcada por Russell y Antonelli obliga a sus rivales a acelerar el desarrollo o, si procede, presionar a la FIA y a la Comisión de la Fórmula 1 para que se revisen ciertos puntos del reglamento. De momento, el calendario no da tregua y los segundos de ventaja que se registraron en Australia serán la referencia que todos tratarán de recortar.

Para Alonso y Aston Martin las opciones son limitadas: insistir en la mejora progresiva del AMR26, gestionar la salud del piloto y, simultáneamente, intentar arañar puntos con actuaciones puntuales en carrera. El equipo técnico y el propio Alonso tendrán que calibrar si priorizan una evolución agresiva del coche a costa de riesgo o si adoptan una hoja de ruta más conservadora que preserve al piloto. En cualquier caso, la continuidad deportiva de uno de los nombres más relevantes del automovilismo español vuelve a depender tanto de decisiones técnicas como de la resiliencia física del conductor.

La próxima cita del Mundial servirá como primer termómetro para ver si Aston Martin encuentra respuesta a los defectos detectados y si Alonso puede sostener el pulso físico comprimido por las vibraciones y las lesiones. Si el coche no mejora y el castigo para su cuerpo se mantiene, la pregunta sobre su futuro en la parrilla dejará de ser retórica para convertirse en un asunto urgente dentro del box verde.

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Redacción

Periodista de Galicia Universal.