Leopoldo López Rosés, jefe del Servicio de Aparato Digestivo del Hospital Universitario Lucus Augusti (Hula), se jubilará el 20 de abril tras una trayectoria de cuatro décadas en la que ayudó a convertir la unidad en un referente regional y nacional. Su gestión se recuerda, entre otras aportaciones, por la introducción temprana de la sedación en las exploraciones endoscópicas, una práctica que ha permitido que los pacientes lucenses afronten con mayor confort pruebas como la gastroscopia y la colonoscopia. El hospital preparará un acto de despedida para reconocer su obra y el crecimiento del servicio durante su dirección.
El doctor López Rosés llegó a Lugo procedente de Madrid como joven especialista tras ganar por oposición una plaza del antiguo Insalud para trabajar en el Hospital Xeral. Acompañado por su mujer, que es enfermera, pensó en principio quedarse un par de años antes de optar por un traslado de nuevo a la capital; sin embargo, la llamada a quedarse se prolongó y acabó echando raíces en la ciudad. Cuando aterrizó en el servicio eran tres facultativos, incluido él; ahora se jubile tras liderar y consolidar un equipo que supera la decena de especialistas y ha alcanzado un volumen y reconocimiento impensable entonces.
Su labor se desarrolló con el respaldo de responsables del centro, entre ellos el entonces jefe de Medicina Interna, Albino Pérez Carnero, que le facilitó margen para impulsar iniciativas asistenciales y formativas. Bajo su coordinación, el Digestivo no solo amplió plantilla y equipamiento, sino que introdujo protocolos que hoy se consideran habituales en muchas unidades, como la sedación programada para endoscopias diagnósticas y terapéuticas. Según sus colegas, esa medida no solo mejoró la experiencia del paciente, sino que permitió realizar procedimientos más complejos con mayor seguridad y eficacia.
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Conoce más →El propio López Rosés ha subrayado a lo largo de su carrera los avances que han transformado su especialidad: desde el entendimiento del helicobacter pylori y la posibilidad de curar úlceras, hasta la revolución en los tratamientos de la hepatitis C, que han pasado de terapias largas y arriesgadas a fármacos orales altamente eficaces. También ha señalado la importancia de los biológicos en la enfermedad inflamatoria intestinal, que han reducido la necesidad de intervenciones quirúrgicas y mejorado la calidad de vida de muchos pacientes. Esos hitos han ido acompañados de mejoras en las pruebas diagnósticas y, sobre todo, en las técnicas endoscópicas.
La endoscopia, prosigue el médico, ha dejado de ser una mera herramienta para ver para convertirse en un elemento terapéutico capaz de resolver problemas que antes requerían cirugía. La especialidad ha incorporado procedimientos para extirpar pólipos, detener hemorragias o tratar lesiones con técnicas avanzadas que se apoyan en una sedación adecuada para garantizar la seguridad. Esa evolución técnica ha demandado formación continuada y una coordinación estrecha entre facultativos, anestesistas y personal de enfermería, un aspecto que López Rosés fomentó durante su etapa al frente del servicio.
Más allá de la modernización tecnológica, su legado incluye la apuesta por la formación de nuevas generaciones de gastroenterólogos y por situar al Hula en redes profesionales de mayor ámbito. Compañeros y antiguos residentes recuerdan su disposición a enseñar y a dejar margen para el desarrollo profesional dentro de la unidad, así como el papel de su equipo en la mejora de las listas de espera y en la respuesta a la demanda asistencial de la provincia. También destaca la colaboración con las enfermeras, un vínculo que en su caso tuvo especial significado personal dado que su esposa ejerce la profesión.
Tras casi cuarenta años de ejercicio, López Rosés valora el cambio radical que ha experimentado la Medicina y, en concreto, la digestiva, al tiempo que reconoce que muchas de las satisfacciones profesionales han venido de ver cómo enfermedades que antes eran crónicas o invalidantes hoy se controlan o curan. Aunque su retirada marca el final de una etapa, confía en que el servicio mantenga la línea de crecimiento y la apuesta por la innovación y la seguridad en el paciente. El 20 de abril será la fecha señalada para su despedida oficial en el Hula.
El Hospital Universitario Lucus Augusti se prepara para homenajear a un profesional que dejó huella en la asistencia local y en la formación de especialistas en la comunidad autónoma. Su impulso para sedar de forma sistemática las endoscopias es solo una de las medidas que transformaron la atención al paciente y contribuyeron a que la unidad de Digestivo gane peso y reconocimiento en el ámbito nacional. El relevo iniciará una nueva etapa que deberá consolidar los avances técnicos y mantener el compromiso con la atención cercana que, según colegas y pacientes, ha sido seña de identidad de su gestión.
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