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Fotoperiodistas y el espectáculo de luces: cuando el show entorpece la cobertura

Fotoperiodistas y el espectáculo de luces: cuando el show entorpece la cobertura

En un partido reciente en el estadio de Riazor, los fotoperiodistas volvieron a chocar con una decisión del club que dificultó su trabajo: un espectáculo de luces intermitentes en la salida de los jugadores obligó a realizar imágenes a oscuras y a repetir posados para obtener fotografías útiles. El incidente, relatado en una columna publicada el 15 de marzo de 2026, expuso tensiones entre la puesta en escena para el aficionado y las necesidades informativas de la prensa gráfica.

La iniciativa buscaba animar a la afición con un efecto visual al inicio del encuentro, pero acabó provocando molestias a quienes deben documentar el partido. Además del problema técnico para captar rostros y acciones, el destello intermitente suscita dudas por sus efectos en personas con sensibilidad fotosensible.

Tras el choque en el que el equipo local fue superado con claridad, los fotógrafos se dirigieron a la zona de prensa para enviar las imágenes a sus redacciones. Fue allí donde uno de los profesionales pidió a los jugadores posar de nuevo, ya con la iluminación adecuada, para disponer de fotografías identificables y de calidad.

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La mirada del fotógrafo frente al relato

Como defiende el columnista Quintana, la cámara no es un apéndice del relato oficial: tiene una mirada propia que ni oculta ni falsea. Esa independencia, añade, explica por qué algunos organismos restringen el acceso de fotoperiodistas; hay temor a una documentación incómoda para quienes controlan el relato público.

«No puedes controlar el relato a un fotógrafo. Tiene su mirada personal que ni miente ni disimula. Por eso nos vetan en ciertos organismos. Aún se teme a esa parte de la prensa.»

La cita resume una queja recurrente entre reporteros gráficos: su labor, fiel a la evidencia visual, resulta a veces molesta para instituciones o eventos que prefieren control sobre la imagen. La reacción de vetar o limitar la presencia de cámaras es, en opinión del columnista, una respuesta que revela la eficacia del trabajo periodístico.

La situación en Riazor puso además de manifiesto el choque entre espectáculo y funcionalidad. Un show pensado para el público puede convertirse en un obstáculo para la información cuando impide identificar protagonistas o documentar momentos clave del partido.

Condiciones de trabajo y plazos apretados

Los fotoperiodistas trabajan sometidos a exigencias físicas y temporales poco visibles para el aficionado medio. Cubrir un partido de alto interés exige concentración constante, desplazamientos y manejar equipos pesados en condiciones meteorológicas adversas.

Además, la inmediatez es una presión constante: la cadencia de cierre de las ediciones y la necesidad de enviar imágenes antes de la salida a imprenta convierten la pospartido en una carrera contra el reloj. Durante esos instantes, los profesionales reciben solicitudes imposibles de los responsables de fotografía en redacciones ávidas de la imagen perfecta.

El relato de la columna insiste en otra rutina habitual: a pesar de los imprevistos —desde el lanzamiento de objetos desde la grada hasta efectos lumínicos inesperados— los fotógrafos intentan garantizar que al menos los rostros de los protagonistas queden reconocibles en las imágenes que acompañan la información deportiva.

Balance entre espectáculo y transparencia

El debate que abre este episodio no es nuevo, pero sí relevante: hasta qué punto pueden los clubes y organizadores diseñar experiencias visuales sin entorpecer la labor informativa de la prensa. La respuesta pasa por diálogo y normas claras que compatibilicen ambas necesidades.

Por seguridad y por respeto a la labor periodística, sería aconsejable que los espectáculos lumínicos respetasen momentos y parámetros que permitan la cobertura profesional. La coordinación previa entre clubes y medios evitaría sorpresas que luego obligan a soluciones improvisadas, como pedir posados adicionales a los jugadores.

Finalmente, la columna recuerda que la incomodidad que generan las fotos veraces suele ser señal de que se está cumpliendo una función esencial: documentar sin adornos. Limitar ese acceso no hace sino empobrecer la información disponible para la ciudadanía.

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Sofía Martínez

Periodista gallega especializada en información local y política. Licenciada en Periodismo por la USC. Redactora jefe de Galicia Universal.