Las amenazas de Donald Trump de imponer aranceles del 100% a productos españoles han encendido todas las alarmas en Bruselas, pero también en Vigo, en Arteixo y en media docena de polígonos industriales repartidos por nuestra geografía. Y no es para menos. Galicia exporta cada año bienes por valor de más de 20.000 millones de euros, y aunque Estados Unidos no es nuestro primer cliente, sí es uno de los más estratégicos para sectores que sostienen empleo de calidad en la comunidad.
Lo cierto es que la retórica beligerante del magnate neoyorquino no es nueva. Ya durante su primer mandato blandió el arma arancelaria contra Europa con cierta frecuencia, aunque ahora las declaraciones han subido de tono en plena campaña electoral. La idea de gravar los productos españoles con un impuesto fronterizo tan salvaje provocaría, de materializarse, una respuesta inmediata de la Unión Europea. Bruselas no se quedaría de brazos cruzados, pero mientras escalan las tensiones, el comercio internacional sufre el desasosiego.
El textil, con Inditex a la cabeza
De todos es sabido que el sector textil gallego vive en gran medida de su expansión internacional. Inditex, con sede en Arteixo, factura una porción considerable de sus ingresos en el mercado norteamericano, donde Zara ha crecido sin freno durante la última década. Un arancel del calado que sugiere Trump encarecería el producto final para el consumidor estadounidense, lo que sin duda enfriaría la demanda. Ahora bien, el grupo fundado por Amancio Ortega cuenta con una logística global tan sofisticada que podría reorientar parte de su distribución hacia otros mercados emergentes. El problema es que ese pivote no es inmediato.
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Conoce más →Cabe recordar que detrás de Inditex hay todo un ecosistema de proveedores, talleres y empresas auxiliares repartidos por toda Galicia. No hablamos solo de la multinacional, sino de cientos de pymes que trabajan para ella y que sentirían el tirón si la matriz se ve obligada a ajustar producción. El textil gallego emplea a más de 18.000 personas directamente, una cifra nada desdeñable en una comunidad que todavía recuerda los duros ajustes industriales de los años ochenta.
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Ver planes de hosting →«Cualquier barrera comercial de esa magnitud nos obligaría a reaccionar en cuestión de semanas. El sector exportador gallego es resiliente, pero no invencible», señala desde Vigo un directivo de una de las principales patronales industriales de la comunidad.
La automoción viguesa, en el punto de mira
Si el textil es vulnerable, la automoción lo es todavía más. La fábrica de Stellantis en Balgores, en Vigo, produce cientos de miles de vehículos al año y una parte sustancial se destina a Norteamérica. La planta viguesa es uno de los motores económicos de toda Galicia, con un efecto arrastre que se extiende hacia Pontevedra, Ourense y Portugal. Un impuesto ad valorem del 100% convertiría las furgonetas gallegas en un producto de lujo inasequible para el comprador medio estadounidense. Se trata de uno de cada cuatro vehículos que salen de la cadena de montaje, según datos del sector.
De hecho, el sector del automóvil lleva meses lidiando con la transición eléctrica, la escasez de semiconductores y la incertidumbre regulatoria europea. Sumar una guerra comercial transatlántica sería echar leña al fuego. Los proveedores auxiliares, repartidos por el eje atlántico entre Vigo y A Coruña, operan con márgenes estrechos. Cualquier disrupción en los pedidos se traduce rápidamente en ajustes de plantilla. No hace falta remontarse a épocas pretéritas para recordar lo que una crisis puede hacer en esta tierra de gente trabajadora.
Ahora bien, tampoco conviene caer en el catastrofismo. La morriña no debe nublar el análisis. Galicia ha diversificado sus mercados en los últimos años con notable éxito, y países como México, Brasil o Marruecos ganan peso como destinos comerciales. Las exportaciones a Iberoamérica crecieron un 14% en el último ejercicio, casi el doble que las dirigidas a Estados Unidos. Esa diversificación actúa como colchón frente a los sobresaltos que llegan del otro lado del charco.
Lo que está por ver es si las palabras de Trump se traducen en hechos concretos o quedan, una vez más, en mera estrategia negociadora. Mientras tanto, desde los despachos de las empresas gallegas se sigue cada declaración con la retranca de quien sabe que, en el comercio internacional, las amenazas a veces se desinflan antes de tocar el papel.
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