Llevar meses viendo cómo los costes de producción se disparan tiene al campo gallego contra las cuerdas, y la noticia de las nuevas ayudas para fertilizantes podría ser el oxígeno que muchos necesitaban. El Ministerio de Agricultura ha activado a través del FEGA un paquete de compensación por el encarecimiento de los fertilizantes que afecta de lleno a quienes viven de la terra. Ahora bien, ¿en qué consiste realmente esta medida y cómo llega a las explotaciones de nuestra comunidad?
Un panorama marcado por el encarecimiento de los insumos
El precio de los fertilizantes ha sufrido una subida brutal en los últimos años, motivada por factores tan diversos como la guerra en Ucrania, las interrupciones en las cadenas de suministro o la volatilidad de los mercados energéticos. Para entender la magnitud del problema, basta con un dato: el coste medio de los fertilizantes nitrogenados llegó a incrementarse en más de un 80 % en apenas dos campañas agrícolas, un golpe directo a la rentabilidad de las explotaciones. De hecho, muchos agricultores gallegos reconocen haber reducido la dosis de abono en sus parcelas, algo que a medio plazo compromete los rendimientos de cosechas y praderas.
El FEGA, como organismo responsable de gestionar estos fondos a nivel estatal, canaliza una ayuda que busca compensar parcialmente este sobrecoste. Las cantidades se distribuyen en función de las hectáreas declaradas en la PAC, un criterio que en Galicia tiene particularidades evidentes. Lo cierto es que nuestra comunidad acumula un tejido de minifundio que condiciona cualquier reparto basado exclusivamente en superficie, algo que las organizaciones agrarias llevan años denunciando.
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Conoce más →«Cualquier ayuda es bienvenida cuando los márgenes están tan ajustados, pero necesitamos que los criterios reconozcan la realidad estructural del campo gallego, donde la pequeña explotación sigue siendo la norma y no la excepción».
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Cómo afecta al sector primario gallego y cómo acceder
El impacto de estas ayudas es especialmente sensible en una comunidad donde el sector primario mantiene un peso muy por encima de la media estatal. Galicia concentra alrededor del 45 % de las vacas lecheras de todo el Estado, un dato que ilustra la dependencia del sector ganadero respecto a los insumos fertilizantes para mantener las praderas. La ganadería intensiva y semiextensiva necesita pastos de calidad, y eso implica abonar. Sin fertilizantes a precios asumibles, todo el eslabón productivo se resiente.
De hecho, en comarcas como A Limia, Terra Chá o Sarria, donde conviven explotaciones lácteas, hortofrutícolas y de vacuno de carne, el encarecimiento de los abonos ha generado una auténtica morrinya entre los profesionales del sector. Muchos se preguntan si estas ayudas compensatorias llegarán a tiempo de salvar la campaña en curso. Cabe recordar que el plazo de presentación de solicitudes suele ser breve y los requisitos burocráticos no siempre están al alcance de todos, especialmente en explotaciones familiares con poca capacidad de gestión administrativa.
Para acceder a la ayuda, los perceptores deben estar dados de alta en el registro de explotaciones agrícolas y cumplir con los requisitos establecidos en la convocatoria publicada en el BOE. La solicitud se tramita a través de la comunidad autónoma, en el caso gallego vía Consellería do Medio Rural, que actúa como intermediario entre el FEGA y el agricultor o ganadero final. Es fundamental tener la documentación censal actualizada y las hectáreas correctamente declaradas en el sistema PAC, porque cualquier discrepancia puede retrasar o anular el cobro.
Un alivio necesario, aunque insuficiente
Las organizaciones agrarias del país valoran positivamente la iniciativa, aunque matizan que queda lejos de solucionar el problema de fondo. Con esa retranca tan nuestra, más de un profesional del sector apunta que cuando llegan estos fondos muchas explotaciones ya han asumido el coste extraordinario y el dinero llega más como compensación a posteriori que como herramienta de planificación. La media del pago por hectárea se sitúa en torno a los 30 y 50 euros, una cifra que ayuda pero que no cubre ni de lejos el sobrecoste real soportado por los productores.
El campo gallego necesita políticas estructurales que aborden de raíz la dependencia de los fertilizantes importados, fomentando alternativas como el estiércol local o la fertilización de precisión. Mientras tanto, quienes trabajan la tierra seguirán aguardando convocatorias como esta con la esperanza de que, al menos, les permitan seguir resistiendo un invierno más.
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