La capital lucense asiste a una invasión silenciosa que ya no es solo nocturna. Las manadas de jabalíes han convertido amplias zonas urbanas en su territorio habitual, y los encuentros con vecinos se multiplican sin que las administraciones logren contener el avance. Barrios como A Cheda, Galegos, O Carme o Fontiñas son algunos de los escenarios predilectos de estas piaras, que ya han sido avistadas incluso en las calles más céntricas de la ciudad amurallada.
Lo cierto es que la situación escapa a cualquier precedente. Donde antes eran incursiones esporádicas, ahora hay rutina. Los jabalíes campan a sus anchas por arterias principales, parques y zonas ajardinadas, y su presencia siembra de expectación cada salida nocturna. La milla de oro de estos animales salvajes es, paradójicamente, la capital lucense.
De la periferia al centro histórico sin disimulo
No es un fenómeno nuevo, pero sí creciente. Durante los últimos meses, los avistamientos se han disparado en zonas periurbanas como las inmediaciones de Nadela o los barrios de Castelo, A Cheda, O Carme y Fontiñas. Allí, los animales se emboscan durante el día y emergen al caer la noche en busca de alimento. Pero lo más llamativo es que ya no se limitan a la periferia.
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Conoce más →El pasado mes de mayo, una piara compuesta por nueve ejemplares se paseó sin pudor por el cruce de la Ronda da Muralla con la Rúa Bispo Aguirre. Un lugar céntrico, transitado, que demuestra hasta qué punto la frontera entre lo urbano y lo salvaje se ha desdibujado. Los jabalíes ya no son una rareza en el casco histórico: son una imagen recurrente.
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Ver planes de hosting →Difícil encontrar un lucense que no tenga una historia reciente con estos animales. Ya sea en un parque, en una calle secundaria o en una rotonda, los encuentros se han normalizado peligrosamente. Y las imágenes de jabalíes cruzando calles o revolviendo contenedores se acumulan en los teléfonos móviles de los vecinos.
Destrozos, inseguridad vial y una respuesta institucional que llega tarde
La presencia masiva de jabalíes no es solo una cuestión de anécdotas o sorpresa. Tiene consecuencias muy concretas. Los destrozos en fincas, parcelas y zonas ajardinadas son constantes. Los animales levantan el césped de los parques, destrozan huertos urbanos y causan daños en mobiliario público. Pero hay un factor aún más preocupante: la inseguridad vial.
Los accidentes de tráfico provocados por la irrupción repentina de jabalíes en carreteras urbanas y periurbanas se han convertido en un riesgo real. No es menor el dato de que el Concello, incluso antes de que se produjese la moción de censura y el posterior cambio en el gobierno local, ya había solicitado a la Xunta un refuerzo urgente de las actuaciones en el control de estos suidos. La petición, sin embargo, no parece haber dado frutos inmediatos.
Para frenar el creciente número de incursiones, también se han llevado a cabo labores de limpieza y desbroce en zonas del casco urbano que sirven de refugio a estos ejemplares. El problema es que muchas de esas áreas, sobre todo en las zonas periurbanas próximas a Nadela o a los barrios de Castelo y A Cheda, presentan un estado que deja mucho que desear. Tras el paso de las máquinas, la maleza ha vuelto a crecer y los terrenos han recuperado su estado primigenio. Demasiado rápido.
Un problema que no entiende de política municipal
La crisis de los jabalíes en Lugo ha trascendido los vaivenes políticos. La moción de censura que cambió el gobierno local no alteró la realidad sobre el terreno: los animales siguen ahí, cada vez más numerosos, cada vez más osados. Y la solución no parece estar al alcance de un solo Concello.
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