El delantero compostelano del Celta, Borja Iglesias, ya tiene su nombre grabado en la historia del fútbol español. En la noche de este domingo, tras la victoria de la selección española en la final del Mundial, el atacante santiagués posaba con el trofeo en las manos. Una imagen que resume años de trabajo y una certeza que, según confesó, llevaba gestándose desde el pasado mes de octubre. “Cuando volví a la selección en octubre y vi lo que había, dije: ‘No puedo salir de ahí, van a ser campeones del mundo’”. La frase, pronunciada ante las cámaras de DAZN, no es un arrebato de euforia posterior al triunfo. Es la constatación de un pálpito que el jugador del conjunto vigués arrastraba desde hacía meses.
No es menor el dato. El delantero, que ha sido parte del grupo que ha conquistado el título mundial, describe la experiencia como “un lujo increíble”. Pertenece a una generación que ha roto todos los techos. Y lo dice alguien que ha vivido en primera persona el proceso de construcción de un equipo campeón. “Una locura”, remata, como si aún le costara asimilar lo ocurrido.
Un regreso que lo cambió todo
La historia de Borja Iglesias con la selección española tiene un punto de inflexión claro. Fue en octubre, cuando el técnico le dio una nueva oportunidad. El jugador del Celta, que ya había pasado por otras convocatorias, se reencontró con un vestuario diferente. No es que hubiera caras nuevas. Era otra cosa. Había una convicción que se palpaba en cada entrenamiento, en cada charla, en cada mirada. “Vi lo que había”, dijo, sin necesidad de más rodeos.
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Ver en Hotels.com → PublicidadAhí está la clave. Ese convencimiento interno, ese “no puedo salir de ahí” que repite, no es soberbia. Es la seguridad de quien sabe que está ante algo grande. Demasiado tiempo ha esperado el fútbol español para volver a tocar el cielo. Y él, desde su rincón en la delantera, lo olió antes que nadie.
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Ver planes de hosting →Conviene recordar que el camino hasta el título no fue un paseo. La selección española tuvo que sudar, y mucho, para doblegar a una Argentina que no se lo puso fácil. Pero el grupo, ese que Borja Iglesias vio en octubre, ya había hecho los deberes. La confianza era tal que, incluso en los momentos de mayor tensión, nadie dudó.
El peso de Santiago en el Mundial
Que un jugador criado en las categorías inferiores del Celta, y que ahora defiende la camiseta celeste, sea campeón del mundo tiene un eco especial en Compostela. La ciudad, que ha visto crecer a Borja Iglesias, celebra el título como propio. No es para menos. El delantero, que ha pasado por clubes como el Zaragoza o el Betis antes de regresar a Vigo, ha demostrado que el talento gallego sigue siendo una cantera inagotable.
El trofeo que sostiene en la fotografía, con el logo de la FIFA reluciente, es el mismo que levantaron Iker Casillas, Xavi e Iniesta en 2010. Pero este tiene un sabor distinto. Porque es el de una generación que ha sabido reinventarse, que ha mezclado experiencia y juventud, y que ha encontrado en jugadores como Borja Iglesias una pieza clave del engranaje. No fue titular indiscutible, pero su aportación en los minutos que disputó y, sobre todo, su presencia en el vestuario, fueron fundamentales.
Lo cierto es que el delantero compostelano ha vivido el Mundial con una intensidad que traspasa lo deportivo. “Es una locura haberlo vivido”, repite, como si aún no se lo creyera. Pero lo ha hecho. Y lo ha hecho con la camiseta de España, con el escudo de la selección en el pecho, y con la certeza de que aquel pálpito de octubre no le falló.
Un lujo que no se paga con dinero
Pocas veces un jugador es tan explícito al hablar de sus sensaciones. Borja Iglesias no se guarda nada. Habla de “lujo increíble” y de “locura” sin titubeos. Es la honestidad de quien sabe que ha formado parte de algo único. Porque, al final, el fútbol es eso: momentos. Y él ha tenido la fortuna de vivir uno de los más grandes que se pueden imaginar.
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