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Doce días de burocracia ante el barro: Viana do Bolo empieza a respirar

Doce días de burocracia ante el barro: Viana do Bolo empieza a respirar

El tiempo administrativo contra el tiempo vital

Casi dos semanas. Ese ha sido el tiempo que la maquinaria institucional ha necesitado para comenzar a mover los escombros en una de las aldeas más castigadas por las riadas que azotaron la comarca de Viana do Bolo. Doce días en los que los vecinos de A Bouza han amanecido cada mañana rodeados de piedras, lodo y troncos arrastrados por la fuerza del agua que lo devoró todo, mientras esperaban una respuesta que parecía no llegar nunca.

La empresa pública Tragsa se ha desplazado finalmente hasta la zona para planificar las labores de retirada de residuos, un paso que se ha producido tras una reunión entre distintas administraciones cuyo detalle no ha sido trasladado a la opinión pública. Lo que sí resulta evidente es que, para los habitantes de esta localidad, el comienzo de estos trabajos supone el primer destello de esperanza tras una travesía marcada por la incertidumbre y, en muchos casos, por la sensación de abandono.

¿Cuánto tiempo es tolerable que una familia conviva con los restos de una catástrofe antes de que llegue la ayuda institucional?

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Convivir con las cicatrices del desastre

La imagen de una niña jugando entre las piedras de una aldea destrozada sintetiza mejor que cualquier discurso la dimensión humana de lo ocurrido. Mientras los adultos negocian, esperan y reclaman, los más pequeños tratan de reconstruir su realidad con los materiales que tienen a su alcance: escombros, barro y piedras. Es una metáfora brutal de la resiliencia infantil, pero también del fracaso de los mecanismos de respuesta rápida ante emergencias en el medio rural.

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Los vecinos han pasado doce jornadas sorteando obstáculos, calculando pasos entre muros de tierra seca y troncos apilados. Cada rincón de A Bouza ha sido durante este tiempo un recordatorio físico de aquella noche en que el agua lo invadió todo. La normalidad, ese concepto tan abstracto cuando se pierde, se ha convertido en una aspiración lejana que ahora, con la llegada de la maquinaria, empieza a asomar tímidamente en el horizonte.

Los tiempos de la emergencia rural

El caso de A Bouza plantea preguntas incómodas sobre la gestión de catástrofes en las zonas rurales gallegas. Cuando un desastre natural golpea una ciudad, la respuesta suele ser inmediata: medios desplegados, comités de crisis activados, cobertura mediática continua. Cuando el mismo fenómeno arrasa una aldea del interior, los tiempos se dilatan. Las reuniones entre administraciones se suceden, los protocolos se cumplen y, mientras tanto, quienes lo han perdido todo esperan.

No se trata de señalar culpables, sino de reflexionar sobre un modelo de respuesta que parece diseñado para realidades distintas a las de las aldeas dispersas de la Galicia interior. La logística es compleja, sin duda. Coordinar competencias entre el Gobierno central, la Xunta y los concellos requiere tiempo. Pero esos días de coordinación son, para quienes están en el barro, jornadas interminables sin luz, sin acceso limpio, sin la posibilidad siquiera de evaluar lo que se ha perdido.

La primera piedra de una larga reconstrucción

Con la llegada de Tragsa y el inicio planificado de los trabajos de desescombro, se abre una nueva fase. Pero conviene ser cautelosos: este es solamente el primer movimiento de una partida que se anuncia larga y complicada. Retirar piedras y lodo es necesario, pero no basta. Vendrán después las evaluaciones estructurales, las ayudas económicas, los expedientes burocráticos, las disputas sobre competencias y, en última instancia, la decisión —íntima y colectiva— de si tiene sentido reconstruir donde el agua ya demostró que puede volver.

A esto se suma un factor demográfico que no puede obviarse. Hablamos de aldeas con una población reducida y envejecida, donde la capacidad de organización comunitaria es grande en lo humano pero

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Carmen Dorado

Periodista especializada en cultura y sociedad gallega. Colaboradora habitual en medios digitales del noroeste peninsular.

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