Editorial: treinta y nueve pacientes en pasillos — la fotografía de una sanidad rota
Treinta y nueve personas atendidas en los pasillos de Urgencias. Treinta y nueve pacientes en camillas, sillas de ruedas o directamente sentados en bancos de plástico, esperando una cama que no llega, un médico que no tiene tiempo, un diagnóstico que se retrasa hora tras hora. Treinta y nueve historias de dolor y de indignidad en el corazón del principal hospital de referencia de Galicia: el Complejo Hospitalario Universitario de Santiago.
La imagen no es nueva. Los sindicatos médicos llevan años denunciando la saturación de los servicios de urgencias hospitalarios en Galicia. Cada verano se repiten los mismos titulares: pasillos llenos, tiempos de espera interminables, personal sanitario al límite. Y cada verano la respuesta institucional es la misma: se activan planes de contingencia, se refuerzan las plantillas con contratos temporales y se pide paciencia a la ciudadanía. Pero cuando llega el otoño y los pasillos se vacían parcialmente, el problema sigue ahí, intacto, esperando al siguiente verano para volver a estallar.
El caso del CHUS no es un episodio aislado. Es el síntoma de un sistema sanitario público que opera al borde de sus posibilidades, con una plantilla insuficiente, con infraestructuras que no acompañan y con una planificación que reacciona en lugar de anticipar. No basta con decir que en verano hay más demanda: se sabe que hay más demanda. No basta con contratar refuerzos estacionales: hace falta un modelo de plantilla estable que absorba los picos sin colapsar. Y sobre todo, hace falta más camas hospitalarias, porque la saturación de Urgencias no empieza en Urgencias: empieza en las plantas cuando no hay camas para ingresar a los pacientes que lo necesitan.
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Conoce más →El TSXG ha confirmado este misma semana la suspensión de dos años a un médico del CHUS por derivar pacientes de la pública a su consulta privada. El caso es grave y merece toda la sanción que la ley contempla. Pero no podemos permitir que el escándalo individual oculte el problema sistémico. Cuando un sistema está saturado, cuando los tiempos de espera se alargan durante meses, cuando los pacientes ven cómo su dolencia se agrava mientras esperan una cita, se crea el caldo de cultivo perfecto para que las soluciones privadas florezcan. No se trata de justificar lo injustificable: se trata de entender que un sistema sanitario que no responde a tiempo empuja a quienes pueden pagarlo hacia la privada y deja a los demás en los pasillos.
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Buscar dominio →La sanidad pública gallega es un patrimonio que merece ser defendido. Pero defenderla no significa negar sus problemas ni maquillar sus cifras. Significa invertir en personal, en camas, en tecnología y en prevención. Significa planificar para que ningún gallego tenga que ser atendido en un pasillo. Treinta y nueve pacientes en los pasillos del CHUS no son una anécdota de verano: son la fotografía de algo que se ha roto y que urge reparar. Porque la sanidad que tenemos no es la sanidad que merecemos.
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