Cuando la tierra tiembla a miles de kilómetros, las raíces gallegas suelen estirarse más de lo que cualquiera imagina. En Xinzo de Limia y Celanova, dos localidades que conocen bien el significado de la palabra emigración, ha nacido una campaña de ayuda humanitaria para los damnificados por los terremotos en Venezuela. Cruz Roja coordina la iniciativa con un horizonte de dos años, mientras un colectivo de inmigrantes recién constituido como asociación lidera el esfuerzo sobre el terreno.
De la regularización a la movilización
Pocas veces un trámite burocrático se convierte en un motor de solidaridad tan rápidamente. Y es que el colectivo Caminando Juntos, con base en Xinzo de Limia, acaba de sellar su registro oficial como asociación. La cifra habla por sí sola: más de ciento cincuenta familias de la comarca de A Limia y municipios limítrofes conforman esta agrupación. Quien está al frente es un ciudadano chileno afincado en Ourense desde hace dos décadas, una persona que conoce de primera mano lo que supone construir raíces en tierra extranjera.
El paso del papeleo asociativo a la calle ha sido casi instantáneo. En cuestión de semanas, los miembros de Caminando Juntos pasaron de lidiar con su propio proceso de regularización a activar un dispositivo de emergencia. El motivo sobraba: Venezuela necesitaba ayuda urgente tras los seísmos. Demasiado tiempo mirando hacia otro lado para ahora quedarse quietos.
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Conoce más →Una red de recogida tejida con complicidad institucional
Conviene recordar que sin voluntad política la solidaridad ciudadana encuentra demasiados muros. En esta ocasión no los ha habido. El gobierno local de Xinzo de Limia se volcó desde el primer momento con la iniciativa. No se limitó al gesto protocolario del minuto de silencio, una fórmula que en ocasiones resulta tan necesaria como insuficiente. Fue más allá.
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Ver servidores VPS →Basta con mirar el mapa de puntos de recogida para calibrar el compromiso municipal. La propia Casa do Concello abrió sus puertas. También la Casa da Cultura. Y la oficina de Servizos Sociais. Tres espacios institucionales que cada mañana, entre las ocho y las dos, funcionan como centros de acopio donde los vecinos dejan su granito de arena. Material sanitario, medicamentos, útiles para las tareas de rescate. Todo cuenta cuando el reloj corre en contra.
Por las tardes la maquinaria no se detiene. Desde ayer opera un almacén en la tienda Ágora, un espacio cedido que permite extender el horario de recogida más allá de la jornada laboral convencional. No es menor el dato: significa que quien trabaja por la mañana todavía tiene margen para colaborar al terminar su jornada. Ahí está la clave de que estas campañas funcionen o se queden en buenas intenciones.
El destino: Fevega y más allá
El reloj marca el ritmo. Entre este miércoles y jueves, las donaciones acumuladas en Xinzo de Limia comenzarán su viaje hacia Fevega en Ourense. Desde allí, la logística de Cruz Roja tomará el relevo para que la ayuda alcance su destino final. La organización humanitaria ha diseñado una campaña que no se agota en un par de semanas de titulares. Hablan de un horizonte de dos años. Es decir, conciben el esfuerzo como un maratón y no como una carrera de velocidad. Difícil imaginarse un enfoque más sensato cuando se trata de reconstruir lo que un terremoto se ha llevado por delante.
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