El río Lérez atraviesa uno de sus peores momentos. El cauce que vertebra la comarca de Pontevedra amanece con niveles críticos, muy por debajo de lo saludable para el ecosistema. La situación ha provocado este jueves un movimiento institucional inédito: el Concello pontevedrés ha exigido recortar de inmediato las extracciones de agua y la empresa Ence ha anunciado que paraliza temporalmente su consumo en la fábrica de Lourizán para no agravar la sequía del río.
Tres meses de silencio informativo y un cauce al 50% de su límite
Pocas veces la burocracia va al ritmo que marca la naturaleza. Y menos aún cuando el termómetro aprieta y las lluvias brillan por su ausencia en las Rías Baixas. El organismo encargado de la gestión del agua en la comunidad autónoma, Augas de Galicia, volvió a ofrecer esta semana los datos oficiales sobre el estado del Lérez. La revelación no podía ser más preocupante: el caudal del río se encuentra actualmente por debajo de la mitad de lo que se considera el mínimo ecológico necesario para sostener la vida acuática. Demasiado tiempo sin saber nada. El verdadero escándalo no es solo que el agua falte, sino que la administración tardó tres meses enteros en volver a publicar estas mediciones.
A nadie se le escapa la gravedad de esa cifra. Hablar de la mitad del caudal ecológico significa que el río está exhausto, vadendo un terreno peligroso donde la supervivencia de especies autóctonas queda en el aire. Conviene recordar que el caudal ecológico no es una sugerencia técnica, sino un límite legal impuesto para evitar precisamente el colapso fluvial. Que el Lérez lleve meses menguando a ojos vista de quienes pasean por sus riberas mientras los partes oficiales escaseaban genera una profunda desconfianza sobre cómo se gestiona la emergencia climática en la demarcación.
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Ver en Hotels.com → PublicidadLa presión municipal y el movimiento de la industria
Fue la reacción política la que desencadenó el giro de los acontecimientos. El gobierno local de Pontevedra tomó la iniciativa y pidió de manera firme que se aplicaran restricciones severas sobre quién puede extraer agua del cauce. La estación de bombeo situada a orillas del Lérez, clave para el abastecimiento de la ciudad, se ha convertido en el centro de todas las miradas. Las imágenes de este jueves mostraban un entorno fluvial reconocible pero dolorosamente mermado, con la infraestructura de captación operando en un escenario que se antoja cada vez más insostenible.
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Ver planes de hosting →No es menor el dato de que la gran industria del entorno haya tenido que ceder ante la evidencia. La fábrica de celulosa sita en la parroquia pontevedresa de Lourizán, un motor económico innegable para la comarca, ha anunciado de forma pública que deja de consumir temporalmente agua del río. Lo cierto es que esta medida llega tras la exigencia municipal. Ahí está la clave de todo. La empresa reconoce así, de manera tácita, que mantener sus extracciones en plena crisis hídrica era incompatible con la situación del Lérez.
Una infraestructura al límite y un porvenir incierto
Quien conozca el día a día de la demarcación de Pontevedra sabe que la dependencia del río es absoluta. La red de abastecimiento urbano confía tradicionalmente en la calidad y el volumen de unas aguas que ahora mismo escasean. Ver cómo los bombeos trabajan a contracorriente, intentando succionar un recurso que se desvanece, refleja a la perfección el choque frontal entre nuestras infraestructuras del siglo XX y la realidad climática del siglo XXI. Las sequías ya no son fenómenos excepcionales que ocurren una vez por década. Se han convertido en una amenaza constante que golpea la economía y la vida cotidiana.
Difícil imaginar que la situación mejore a corto plazo si continúan las temperaturas estivales extremas. El parón temporal de la actividad industrial en el río es un parche, un analgésico necesario pero insuficiente. Mientras Augas de Galicia no asuma la transparencia informativa
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