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El Xistral clama al cielo: los lobos cazan de día y el ganado equino desaparece

El Xistral clama al cielo: los lobos cazan de día y el ganado equino desaparece

La situación en la Serra do Xistral ha sobrepasado todos los límites que la paciencia ganadera podía tolerar. Las comunidades de montes de Frexulfe y Vilacampa, en plena Mariña lucense, contemplan atónitas cómo sus rebaños de caballos se desangran jornada tras jornada bajo el acoso de un depredador que ha perdido el miedo y ya no espera a la noche para cazar. Lo que hasta hace pocos años era un problema puntual se ha convertido en una amenaza constante que pone en riesgo la supervivencia misma de la actividad ganadera extensiva en toda la zona alta de la comarca.

Un depredador que ha perdido el miedo al humano

Pocas veces se había visto una escena semejante en estos montes. Los comuneros lo cuentan con una mezcla de rabia e impotencia: el lobo se ha asentado en la zona con una densidad tan elevada que deambula entre las manadas a plena luz del día, sin preocuparse por la presencia humana. No se trata de una impresión pasajera ni del susto de una mala temporada. Es la nueva normalidad en una sierra que se extiende entre los municipios de O Valadouro, Abadín y Muras, donde el ganado equino en semilibertad ha sido durante generaciones seña de identidad del paisaje y complemento fundamental de la economía rural.

A nadie se le escapa la gravedad del panorama. Cada mañana aparece un animal muerto en los prados o en los montes comunales. La afirmación que repiten los afectados, reunidos recientemente en la igrexa de Frexulfe para analizar la crisis que les asfixia, no admite matices: ya no saben qué hacer. Las bajas se han vuelto económicamente insostenibles para unas explotaciones que, por si fuera poco, carecen de relevo generacional. La gente joven no quiere quedarse en el monte, y quienes resisten se ven acorralados por un problema que supera con creces su capacidad de respuesta.

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Cercas, cañones y luces: nada funciona

Quien crea que este problema tiene solución fácil es que no ha pisado nunca estos montes. Los ganaderos de la zona lo han intentado absolutamente todo. Han levantado vallados perimetrales de considerable altura. Han instalado cañones de gas que disparan estruendos a intervalos regulares para ahuyentar a los depredadores. Han colocado luces similares a las de las discotecas, parpadeantes y estridentes, con la vana esperanza de que el destello mantenga alejado al lobo. Nada ha funcionado. Absolutamente nada.

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El lobo es un animal extraordinariamente inteligente que aprende más rápido que las barreras que se le ponen por delante. Se adapta, sortea los obstáculos y continúa cazando con la misma determinación. Lo más demoledor es que ni siquiera las medidas de protección más costosas y sofisticadas garantizan la seguridad del ganado. Lo demostró un episodio que los propios afectados recuerdan con amargura: en el Monte Corrubedo, en la costa barbanzana, tenían los animales protegidos con mastines, la raza canina por excelencia para la defensa del ganado frente a grandes depredadores. El lobo mató a los animales igualmente.

Demasiado tiempo soportando lo mismo. Demasiadas bajas contabilizadas y demasiadas otras que ni siquiera se registran. La impotencia se palpa en cada reunión de vecinos, en cada conversación en la que se交叉an miradas cómplices de quienes ven cómo el esfuerzo de toda una vida se desvanece en una sola noche.

El éxodo del ganado y el avance imparable del matorral

La consecuencia de esta presión constante no es únicamente económica, aunque por sí sola justificaría toda la alarma. Es también paisajística, ecológica y profundamente identitaria. La Serra do Xistral se está transformando a ojos vista, y no precisamente hacia mejor. Donde antes pastaban caballos, vacas, ovejas y cabras en un equilibrio centenario entre el ser humano y el medio natural, ahora avanzan imparablemente las silvas y las plantaciones forestales. El monte se cierra. La sierra se vuelve brava de una manera que nada tiene que ver con la conservación medioambiental y todo que ver con el abandono.

Las ovejas y las cabras fueron las primeras en desaparecer del mapa. Nadie se atreve ya a mantener rebaños de pequeño tamaño cuando el lobo los diezma sin tregua ni cuartel. Ahora le ha llegado el turno al ganado caballar, que tradicionalmente era el que mejor resistía por su envergadura y por su capacidad de desenvolverse en semilibertad en los montes comunales. Pero ni los caballos se salvan de la acometida. En las parroquias situadas entre Miñotos y Abadín la situación ha alcanzado tal nivel de desesperación que algunos ganaderos han dejado de microchipar a sus animales, pues saben perfectamente que una proporción inasumible de los potros no llegará al final de la temporada. El desánimo cala tan hondo que muchas bajas ni siquiera se comunican a las autoridades competentes.

Un laberinto legal que asfixia al rural

Conviene recordar el marco normativo en el que se desarrolla este drama. El lobo ibérico goza actualmente de un nivel de protección legal que restringe de forma severa las posibilidades de control poblacional, tanto por parte de los ganaderos como de la propia administración autonómica. Cualquier actuación sobre la especie debe sortear un laberinto burocrático que, en la práctica cotidiana, deja a los sectores del rural completamente desarmados ante el problema.

No es menor el dato de que el Tribunal Superior de Xustiza de Galicia haya expresado dudas explícitas sobre la legitimidad de la ley autonómica que pretendía rebajar el grado de protección del lobo ibérico en el territorio gallego. Dicho de otro modo: el único instrumento normativo que podría haber abierto una puerta a la gestión activa de la especie se encuentra actualmente cuestionado por los tribunales de justicia. Mientras los recursos legales se enredan en trámites y recursos, los ganaderos del Xistral siguen contando muertos cada amanecer.

La queja de los comuneros de Frexulfe y Vilacampa resume con crudeza el sentimiento generalizado del rural gallego más castigado por la despoblación y el abandono institucional. Sobra gente para dictar normas desde los despachos, pero faltan manos para trabajar el monte, y a los pocos que resisten no se les facilita la tarea. Es la paradoja amarga de un territorio que se vacía mientras se le exigen estándares de conservación que nadie ayuda a sostener.

Un paisaje que no tendrá retorno

Basta con mirar los datos demográficos de la comarca para entender la dimensión del problema. No se trata simplemente de unos cuantos animales perdidos al año, por doloroso que eso sea para quien vive de ellos. Se trata de un modelo entero de aprovechamiento sostenible del monte que se desmorona pieza a pieza. Cuando el ganado desaparece de una comunidad de montes en la Serra do Xistral, la probabilidad de que vuelva es prácticamente nula. Las silvas lo invaden todo en tiempo récord. Las plantaciones de eucalipto y pino ganan terreno sin control. El paisaje abierto, domesticado durante siglos por la acción paciente del pastoreo, se convierte en un matorral denso e impenetrable donde el fuego encontrará, cuando llegue el verano, un combustible de extraordinaria virulencia.

Lo cierto es que el problema de la convivencia con el lobo en Galicia lleva años siendo debatido en consellerías, en parlamentos y en tribunales, con informes técnicos de por medio y declaraciones institucionales de todo signo. Pero rara vez se aborda desde la única perspectiva que importa de verdad: la de quienes lo sufren en su propia carne, en su propio ganado, en su propio sustento diario. Los ganaderos del Xistral no reclaman soluciones mágicas ni carpetazos unilateralistas. Piden que se les escuche de una vez y que las decisiones sobre la gestión de la especie incorporen la realidad de un territorio que se vacía mientras el depredador prospera sin control. La pregunta queda flotando en el aire de la sierra: ¿cuántos animales más tendrán que morir antes de que alguien asuma que el modelo actual de convivencia no funciona para nadie, ni para los ganaderos, ni para los pueblos, ni, a la larga, para el equilibrio ecológico del propio monte?

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Pablo Rivas

Periodista deportivo con amplia experiencia en la cobertura del fútbol y deporte gallego. Redactor de la sección de Deportes.

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