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Galicia activa el nivel 2 de emergencia ante un incendio forestal que ya carboniza 200 hectáreas en Boborás

Galicia activa el nivel 2 de emergencia ante un incendio forestal que ya carboni

La comunidad gallega vuelve a mirar con preocupación hacia el interior de Ourense. Un incendio forestal declarado este fin de semana en el municipio de Boborás ha llevado a la Xunta a activar el nivel 2 del Plan de Emergencia por Incendios Forestales (Plifoga). Las llamas, que comenzaron la noche del sábado, han devorado ya cerca de 200 hectáreas de monte y obligan a redoblar los esfuerzos de los equipos de extinción ante la amenaza que se cierne sobre varios núcleos de población cercanos.

Un rayo como desencadenante en un terreno de difícil acceso

Según las informaciones facilitadas por las autoridades, el origen del fuego se sitúa en una zona elevada del monte, donde una tormenta eléctrica provocó la ignición. La caída de un rayo en un paraje de orografía especialmente complicada complicó desde el primer momento las labores de extinción. El acceso para los vehículos terrestres es prácticamente imposible en amplias franjas del perímetro, lo que ha obligado a priorizar el uso de medios aéreos para contener el avance de las llamas.

La parroquia de Moreiras, y en concreto la zona comprendida entre los lugares de O Gabián y Vecoña, concentra el foco activo. Las llamas, que se reactivaron con fuerza durante la madrugada del domingo, han ido ganando terreno a medida que el día avanzaba, impulsadas por las altas temperaturas y la baja humedad relativa del ambiente. Los técnicos de Medio Rural trabajan con la hipótesis de que el fuego podría haber quedado latente bajo la superficie durante horas antes de propagarse, un fenómeno habitual en suelos con abundante materia orgánica seca.

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La cercanía de las llamas al núcleo de Vecoña ha sido el factor determinante para elevar el nivel de emergencia a la categoría 2, que implica la movilización de todos los recursos disponibles y la coordinación con la Unidad Militar de Emergencias (UME) si fuera necesario. Hasta el momento, no ha sido necesario evacuar viviendas, pero la evolución del incendio se vigila minuto a minuto.

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Medios aéreos y terrestres: una batalla contrarreloj

La Xunta ha desplegado un importante dispositivo en la zona. Varios helicópteros y aviones de carga en tierra realizan descargas continuas de agua sobre las cabezas del fuego, mientras que las brigadas helitransportadas y los equipos de extinción terrestre intentan abrir cortafuegos y proteger los puntos más vulnerables. La estrategia actual se centra en frenar el avance hacia el este, donde se concentran varias aldeas y explotaciones agroforestales.

“Las condiciones meteorológicas de las próximas horas serán clave. Se espera que el viento rolle y podría empujar las llamas hacia nuevas zonas. Trabajamos con todas las precauciones para evitar que el fuego alcance áreas habitadas”, señalaron fuentes del operativo de extinción.

El incendio de Boborás no es un caso aislado en el contexto gallego. Esta primavera, la comunidad ha registrado un número elevado de conatos y fuegos forestales, muchos de ellos originados por rayos durante las tormentas secas que azotan el interior. La combinación de un invierno escaso en precipitaciones y unas temperaturas primaverales por encima de la media ha dejado el monte en un estado de sequedad que favorece la propagación rápida de cualquier foco.

El factor humano y el cambio climático en el punto de mira

Más allá de la causa concreta de este incendio, el debate sobre la gestión del territorio y la prevención vuelve a cobrar relevancia. En Galicia, la superficie forestal ocupa cerca del 70% del territorio, y gran parte de ella se encuentra en un estado de abandono progresivo. La falta de limpieza de los montes, el envejecimiento de la población rural y la disminución de la actividad ganadera y agrícola tradicional han multiplicado la biomasa disponible como combustible.

Los expertos llevan años advirtiendo de que el cambio climático está alterando los patrones de los incendios en el noroeste peninsular. La frecuencia de tormentas secas con aparato eléctrico pero sin precipitaciones significativas va en aumento, y los fuegos provocados por rayos representan ya una parte importante de los siniestros que se registran cada año. A diferencia de los incendios intencionados, estos son imprevisibles y surgen en lugares de difícil acceso, lo que eleva el coste y la complejidad de la extinción.

En lo que va de año, la Consellería do Medio Rural ha activado el nivel 2 en varias ocasiones, la mayoría en la provincia de Ourense. La orografía montañosa y la dispersión de los núcleos de población hacen de esta comarca una de las más vulnerables de Europa frente a los incendios forestales. Cada verano, miles de hectáreas de monte arden en Galicia, y la sensación de impotencia entre los vecinos se repite con cada nuevo foco.

Lecciones pendientes: prevención y planificación territorial

Mientras los equipos de extinción luchan por controlar el incendio de Boborás, surgen de nuevo las preguntas sobre qué medidas estructurales son necesarias para reducir el riesgo. La creación de áreas de cortafuegos, el fomento del pastoreo controlado y la reordenación de las plantaciones forestales son algunas de las soluciones que los técnicos llevan años proponiendo, pero que apenas avanzan por falta de inversión y de voluntad política.

La coordinación entre administraciones también se revela como un punto crítico. En este último incendio, la activación del nivel 2 permite una mayor agilidad en la toma de decisiones y la incorporación de recursos de otras provincias, pero la rapidez en la primera intervención sigue siendo la mejor herramienta para evitar que un conato se convierta en un gran incendio. En Boborás, el hecho de que el rayo cayera en una zona de difícil acceso durante la noche retrasó la actuación inicial, lo que permitió que las llamas se consolidaran.

“No podemos evitar que caigan rayos, pero sí podemos preparar el territorio para que, cuando ocurran, el impacto sea menor. Esto pasa por una gestión activa del monte, con desbroces periódicos y una red de pistas forestales que permitan llegar a cualquier punto en menos de una hora”, explican desde una asociación de técnicos forestales.

Un futuro incierto para el monte gallego

El incendio de Boborás es un recordatorio de que la amenaza de los incendios forestales no se limita al verano. Las condiciones climáticas actuales alargan la temporada de riesgo y la extienden a meses que antes se consideraban seguros. La comunidad gallega, con su rica biodiversidad y su dependencia del sector forestal, se enfrenta a un desafío que requiere una respuesta integral y a largo plazo.

Mientras tanto, los vecinos de Vecoña y las parroquias colindantes permanecen en vilo, siguiendo atentamente la evolución de las llamas. La solidaridad se manifiesta en la cesión de tractores y equipos para ayudar a los bomberos, en la preparación de avituallamiento para los equipos desplegados y en la tensa espera de que el viento no cambie de dirección.

La jornada de este domingo será decisiva para determinar si el fuego puede ser controlado o si, por el contrario, las hectáreas quemadas seguirán aumentando. Las autoridades han pedido prudencia a la población y la máxima colaboración para evitar cualquier nueva ignición. En un contexto de emergencia climática, cada incendio es una llamada de atención que no podemos permitirnos ignorar.

La conclusión es amarga pero inevitable: mientras no se invierta de forma decidida en prevención y en un modelo de gestión forestal sostenible, Galicia seguirá viendo arder su patrimonio natural año tras año. El incendio de Boborás es solo el último capítulo de una historia que se repite con una frecuencia alarmante, y que exige respuestas que van mucho más allá de la extinción.

Con información de medios gallegos

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Miguel Ángel Vázquez

Redactor especializado en economía y empresas. Cubre la actualidad económica de Galicia y España para Galicia Universal.

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