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Albañiles migrantes en Galicia: sueldos de hasta 1.400 euros y un sector de la construcción que los reclama

Albañiles migrantes en Galicia: sueldos de hasta 1.400 euros y un sector de la construcción que los reclama

Primero fue la hostelería, luego el campo y ahora le toca el turno a la construcción. Galicia busca albañiles con una urgencia que hace una década parecería ciencia ficción, y quien está dando la cara son los trabajadores migrantes. Mientras las nuevas generaciones gallegas miran hacia otro lado, cuadrillas enteras formadas por colombianos, venezolanos y argentinos levantan muros, enfoscan fachadas y colocan tejados desde A Coruña hasta Ourense.

El fenómeno no es exclusivo de la terra. En toda España, el sector de la construcción arrastra un déficit crónico de mano de obra que la patronal cifra en más de 200.000 puestos sin cubrir, una cifra que triplica la de hace apenas cinco años. La burbuja del ladrillo dejó cicatrices profundas y muchos oficiales jubilados no tienen relevo. Ahora bien, en Galicia el problema adquiere matices propios: la demografía juega en contra y el relevo generacional brilla por su ausencia.

Salarios que sorprenden y horarios que matan

Lo cierto es que los sueldos han dejado de ser el problema. Un oficial de primera en la comunidad puede embolsarse hasta 1.400 euros netos al mes, y los peones especializados rondan los 1.200, unas cifras que superan con creces lo que se paga en otros sectores con menor exigencia física. «En mi país era impensable ganar esto trabajando ocho horas», comenta con retranca un albañil venezolano que lleva dos años en Vigo. «Pero aquí el cuerpo lo nota, sobre todo en invierno, con la lluvia y el frío que cala los huesos».

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Las condiciones, sin embargo, siguen siendo duras. Jornadas que empiezan al amanecer, trabajos a la intemperie y un riesgo de accidente que no desaparece por mucho que se hable de prevención. De hecho, el sector de la construcción gallego registró el año pasado un 12 % de los accidentes laborales graves de la comunidad, tres veces más que la media del resto de actividades económicas. Aun así, la demanda no cesa.

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Un gallego que emigró y vuelve en forma de relevo

Resulta paradójico que Galicia, históricamente tierra de emigrantes que construyeron media Europa, ahora dependa de la llegada de trabajadores foráneos para levantar sus propias casas. Las promotoras de Vigo, Santiago y la zona de la Mariña lucense buscan desesperadamente oficiales y no encuentran. Las escuelas taller forman a jóvenes, pero muchos abandonan al poco de empezar. «El problema no es el dinero, es que nadie quiere ensuciarse las manos», resume el gerente de una constructora coruñesa que prefiere mantener el anonimato.

«Llegué con una mano delante y otra detrás, pero aquí me dieron la oportunidad de trabajar y de vivir con dignidad. Hoy tengo mi piso alquilado y mando dinero a mi familia cada mes», explica un albañil dominicano afincado en Lugo.

La integración, no obstante, no siempre es un camino de rosas. Los migrantes denuncian que algunos contratistas se aprovechan de su situación administrativa para pagar menos de lo pactado o para no darles de alta en la Seguridad Social. Las asociaciones de trabajadores extranjeros en Galicia piden más inspecciones y recuerdan que el 30 % de los empleados del sector en la comunidad ya son migrantes, una proporción que no deja de crecer mes a mes.

Las administraciones han empezado a reaccionar. La Xunta impulsa programas de formación específicos para colectivos migrantes y las empresas, por su parte, comienzan a ofrecer incentivos como vivienda o transporte. Pero falta mucho por hacer. Mientras tanto, las grúas siguen moviéndose en las ciudades gallegas y los albañiles que llegan de fuera van dejando su huella en el paisaje urbano, ladrillo a ladrillo, con esa mezcla de morriña y esperanza que tan bien conocemos los que hemos tenido que buscar la vida lejos de casa.

El futuro del sector pasa, inevitablemente, por estas manos que llegan cargadas de experiencia y de ganas. La cuestión es si Galicia sabrá retenerlas más allá del primer contrato, ofreciendo no solo salarios dignos sino también un proyecto de vida. De momento, la respuesta la dan los propios protagonistas: muchos ya hablan de traer a sus familias. Eso, en el fondo, es la mejor señal de que algo se está haciendo bien.

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Carmen Dorado

Periodista especializada en cultura y sociedad gallega. Colaboradora habitual en medios digitales del noroeste peninsular.

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