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Dossier policial sobre Marruecos: qué está en juego para la pesca y la frontera atlántica de Galicia

Dossier policial sobre Marruecos: qué está en juego para la pesca y la frontera

Cuando el ruido político llega desde Madrid, en Galicia casi siempre acaba tocando el mar. Y el último episodio —el dossier confeccionado por agentes de Interior sobre supuestas operaciones de desinformación marroquíes en España— no es una excepción. Lo que en la capital se discute en clave de crise gubernamental, aquí se traduce en algo muy concreto: caladeros, permisos de pesca y una frontera marítima atlántica que no está dibujada con lápiz, sino con intereses.

El conflicto salió a la luz cuando trascendió que un grupo de policías elaboró informes vinculando a organizaciones y personas con el vecino del sur, en plena etapa de deterioro de las relaciones bilaterales. La oposición ha puesto el grito en el cielo hablando de una campaña orquestada, mientras desde Interior se niega que existiera una operación de desinformación contra Marruecos. Ahora bien, más allá del monólogo radiofónico de cada mañana, lo cierto es que la disputa deja al descubierto lo frágil que resulta la relación entre España y Rabat, y lo mucho que esa relación condiciona la economía del noroeste peninsular.

El mar que nos da de comer

Para entender por qué esto importa en Galicia, basta con mirar las lonjas. La flota gallega es la primera de España, y una parte sustancial de su actividad depende de acuerdos con Marruecos y de los caladeros africanos. De hecho, los armadores de lugares como Burela, Ribeira o Marín llevan años reclamando el regreso a los fondos marroquíes, un escenario que estuvo vetado desde hace décadas y que se ha convertido en una promesa recurrente de los sucesivos gobiernos.

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Cabe recordar que la flota gallega representa en torno al 60 % de la capacidad pesquera española, una cifra que explica por qué cualquier enfriamiento diplomático con Rabat se vive aquí con particular inquietud. Sin voluntad política en Marruecos, no hay acuerdo pesquero que valga. Y sin acuerdos, la flota de altura gallega se queda sin sitio donde faenar, por muchas reivindicaciones que se hagan desde las asociaciones de armadores.

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«La relación con Marruecos no es un tema diplomático abstracto para nosotros; es la diferencia entre faenar o amarrar el barco», explica un responsable del sector pesquero conservero gallego.

Una frontera que se dibuja sobre el agua

HAY otro asunto de fondo que casi nunca aparece en los debates de los platós: la delimitación de las aguas. Marruecos considera que el Sáhara Occidental forma parte de su territorio, y con ello extiende su zona económica exclusiva hasta Canarias y proyecta su presión sobre espacios atlánticos que afectan directamente a los intereses pesqueros de toda la fachada occidental. El giro español en la posición sahariana, asumido hace ya un par de años, se hizo precisamente para allanar el camino con Rabat. Ahora bien, ese gesto tiene un precio simbólico y político que parte de la opinión pública gallega no termina de asumir.

Lo cierto es que, en la práctica, la desinformación y la política exterior se cruzan aquí de una forma muy tangible. Una relación rota con Marruecos significaría, además de menos pesca, más presión migratoria sobre el Atlántico. La ruta canaria ha desviado los flujos desde el estrecho, pero la experiencia demuestra que cuando las fronteras se cierran por un lado, las mareas humanas buscan otros caminos, y el noroeste no está a salvo de esa lógica. A Galicia ya llegó una parte de esa diáspora en años recientes.

Del ruido al fondo

Los que conocen el mundo pesquero desde dentro lo tienen claro. No se trata de tomar partido en el rifirrafe político madrileño, sino de exigir una política exterior estable y previsiva. Los permisos, los acuerdos y las citas de caladeros no se firmaron ayer y no se renuevan mañana: requieren años de trabajo diplomático sostenido, de la clase que no admite sobresaltos ni dossiers polémicos que envenenan el clima de negociación.

Mientras en Madrid se reparten las culpas, la flota gallega sigue esperando una respuesta seria sobre sus futuros en aguas marroquíes. La morriña por aquellos caladeros, abandonados hace décadas, sigue viva en la memoria de armadores y marineros. El caso del dossier habrá pasado dentro de unos meses. La pregunta que le queda a Galicia es otra: si esta tormenta diplomática servirá para que alguien, finalmente, entienda que nuestra terra juega en el tablero atlántico, y que jugar en ese tablero exige una política exterior seria, no sobresaltos de Bilbao y una información tergiversada que a nadie beneficia.

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Pablo Rivas

Periodista deportivo con amplia experiencia en la cobertura del fútbol y deporte gallego. Redactor de la sección de Deportes.

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