Rafael Vidal Gómez de Travecedo, veterano técnico vinculado a la Diputación de A Coruña y presidente de honor de la Asociación de Técnicos de Protocolo de Galicia, ha sido distinguido con la Encomienda de la Orden del Mérito Civil, impuesta por el rey Felipe VI en reconocimiento a una carrera dedicada a la organización institucional. La distinción le fue comunicada ya en diciembre pero se ha conocido ahora. Vidal, que se define incómodo ante los focos, resumió su visión con una frase que lleva años defendiendo: «El buen protocolo siempre es cercano».
Del oficio desapercibido a la Encomienda real
La trayectoria de Vidal comenzó en diciembre de 1973 cuando, con 23 años y estudiando Derecho, entró en la Diputación de A Coruña contratado para una pequeña oficina de prensa. Aquella incorporación, casi fortuita, marcó el inicio de una vida profesional que pasó de la trastienda administrativa a la coordinación de actos institucionales de primer nivel. Tras su jubilación en 2018 continuó al frente de la asociación que él mismo fundó y que aglutina a los técnicos de protocolo de Galicia.
Fuentes cercanas confirman que la notificación de la Encomienda llegó meses atrás, pero él prefirió mantener la discreción. «A mí me resulta difícil ser protagonista de algo, ser visible, quizá porque siempre he trabajado en la parte de atrás», dijo al recibir la noticia. Esa modestia es coherente con una profesión cuyo valor muchas veces se mide por su invisibilidad: cuando todo sale bien, nadie repara en el protocolo.
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Conoce más →Durante su carrera Vidal coordinó desde actos municipales hasta recepciones a los Reyes y la organización de las dos visitas papales a Santiago, labores que requieren no solo atención al detalle sino capacidad para gestionar equipos, tiempos y expectativas. Reconoce haber tenido fortuna en evitar incidentes graves, pero atribuye esa ausencia de sobresaltos a la calidad de los equipos y a la previsión: «Si alguna tensión amenazaba con convertirse en problema, yo intentaba apagarla antes de que se viese».
Un oficio que se aprendía «sobre la marcha»
En los años setenta, el protocolo no era una disciplina reglada. Vidal recuerda que arrancó «con un libro y poniéndome colorado», frase que resume una época en la que la enseñanza práctica se impuso por encima de programas formales. Hoy la realidad es diferente: existe un grado universitario en protocolo y organización de eventos, bibliografía especializada e investigación que han profesionalizado un campo que entonces se aprendía haciendo.
Su visión del protocolo va más allá de la etiqueta. Para él, el protocolo serio descansa sobre cuatro pilares —norma, forma, producción y comunicación— y su papel no es meramente ceremonial sino el de un gestor integral del acto. Esa definición ayuda a entender por qué figuras como Vidal resultan imprescindibles en una comunidad como Galicia, donde la vida institucional y cultural genera una demanda continuada de actos que requieren coordinación precisa, desde festividades locales hasta visitas de Estado.
Vidal, nacido «circunstancialmente» en Melilla pero criado en A Coruña desde el año siguiente a su nacimiento, mantiene un vínculo profundo con Laxe, en la Costa da Morte. Allí conserva casa y familia y veranea con asiduidad, lo que le permite guardar la conexión con un territorio que, históricamente, ha sabido combinar tradiciones locales y actos institucionales con un sentido del detalle muy propio.
Qué implica la distinción y qué queda por delante
La Encomienda de la Orden del Mérito Civil es una distinción que reconoce servicios relevantes a la nación en ámbitos no necesariamente militares ni políticos. En el caso de Vidal, subraya la importancia de una carrera dedicada al servicio público y a la consolidación de una disciplina hasta entonces poco visible. Para una profesión que a menudo se asocia a la etiqueta, el reconocimiento real aporta visibilidad y legitimidad, algo que puede favorecer la consolidación de la formación académica y la estabilidad laboral del sector.
Más allá del galardón, Vidal sigue activo. Está terminando su doctorado en Derecho y mantiene su compromiso con la formación y la investigación a través del Observatorio de Protocolo y Eventos, iniciativa que impulsó y que busca sistematizar prácticas y conocimientos en la organización de actos. Su apuesta por la teoría y la práctica refleja una trayectoria que ha pasado de «hacer» a explicar y estructurar el oficio.
En el plano local, la distinción también arroja luz sobre la relación entre las instituciones gallegas y sus profesionales. La Diputación de A Coruña, donde Vidal desarrolló buena parte de su carrera, ha sido durante décadas un laboratorio de protocolos y formatos propios, y el hecho de que una carrera tan ligada a esa institución reciba un reconocimiento de la Corona refuerza la idea de que el trabajo administrativo y técnico tiene impacto simbólico y real en la vida pública.
Mirando al futuro, la profesión afronta retos nuevos: la digitalización de actos, los formatos híbridos tras la experiencia pandémica, y la demanda de transparencia y participación ciudadana en el diseño de eventos públicos. Vidal, con su énfasis en la proximidad, advierte que el buen protocolo no puede ser un engranaje hermético; su eficacia está en la cercanía con el público, en entender el acto como encuentro social y no como desfile de formalismos.
La Encomienda, impuesta por el rey, es en este sentido más que un reconocimiento personal: es una reivindicación de una profesión que ha crecido desde la discreción y que hoy reclama un lugar en la agenda pública. Para quienes le conocen, el gesto satisface una justicia tardía. Para Vidal, que prefiere seguir trabajando lejos del primer plano, supone la confirmación de que el trabajo «entre bambalinas» también construye memoria institucional y cuidados colectivos, asumiendo la responsabilidad de que las ceremonias no solo se vean bien, sino que funcionen y comuniquen con sentido.
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