Un caso que ya no es solo madrileño
El nombre de Víctor de Aldama lleva meses copiando titulares en toda España. El presunto cerebro de la trama de la Copa del Rey y de un montaje empresarial dedicado supuestamente al fraude fiscal mediante la compraventa de hidrocarburos sigue sumando investigaciones, y lo cierto es que cada nueva pieza del caso revela un mapa más amplio de lo que parecía al principio. La última línea de trabajo que interesa a los investigadores apunta al exterior: millones de euros presuntamente desviados hacia Portugal a través de operaciones con combustibles.
Para Galicia, esa noticia no es geográficamente lejana. La frontera del Miño, tan atravesada por el comercio cotidiano como por las viejas astucias del contrabando, vuelve a quedar bajo el foco cuando alguien usa Portugal como caja de seguridad del dinero opaco. De hecho, cabe recordar que la crisis del caso Volkov a finales de los noventa, con salida de mercancía y capitales hacia suelo luso, fue el último gran escándalo que puso en entredicho el control de esa frontera. Ahora la historia podría repetirse con otros protagonistas y otras cifras.
El engarce con el empresariado gallego del combustible
El sector de los hidrocarburos tiene en Galicia un peso notable. Entre estaciones de servicio independientes, distribuidoras de tamaño medio y grandes almacenes logísticos vinculados al puerto de A Coruña y a la refinería de A Coruña, el noroeste mueve una parte relevante del combustible que se vende en el norte peninsular. Ese ecosistema, en su enorme mayoría honesto y profesionalizado, es también el terreno donde una trama como la de Aldama podía buscar socios, empresas pantalla o simplemente facturación cruzada que dificultara el rastro.
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Conoce más →Las pesquisas se centran en operaciones societarias de compraventa de gasóleo en las que las mercancías cambian de manos documentales varias veces, encareciéndose el precio en cada salto, mientras el IVA se ingresa solo en parte. Cuando alguna de esas sociedades intermedias tiene domicilio fiscal en Galicia o vínculos con empresarios de la terra, la Guardia Civil y la Agencia Tributaria empiezan a mirar hacia el noroeste con lupa. Fuentes próximas a la investigación reconocen que todavía no hay imputados gallegos, pero que existen nombres y sociedades bajo análisis.
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Ver planes de hosting →«La frontera del Miño no es un agujero negro, pero quien quiera mover dinero sin dejar rastro siempre la ha mirado con interés», explica un investigador especializado en delitos económicos.
Portugal como destino, la raia como pasillo
Ahora bien, conviene no caer en el tópico del contrabandista romántico. La evasión moderna poco tiene que ver con lanchas en el Miño: se ejecuta con facturas, sociedades interpuestas y transferencias bancarias que cruzan la frontera sin que cruce ni un litro de combustible. Portugal ofrece a determinadas operaciones fiscalidad más cómoda y un entorno societario ágil, y de ahí su atractivo como punto de destino. La raia húmeda, entre Pontevedra y Ourense, vuelve a ser escenario, aunque esta vez el contrabando sea de papel.
El dato preocupa porque Galicia ya presenta cifras de economía sumergida por encima de la media española, y porque el sector de combustibles vive márgenes estrechos que empujan a algunos a la tentación. Si se confirma que hubo empresas gallegas conectadas a la red de Aldama, el daño reputacional para un tejido empresarial que trabaja correcto sería considerable. Morriña no es lo que sentirán esos empresarios honestos al verse citados por extensión en los titulares.
La patronal del sector en Galicia, consultada de manera informal, insiste en que la inmensa mayoría de las estaciones de servicio y distribuidoras cumplen escrupulosamente con Hacienda. Es verdad. Pero también lo es que cada trama como esta encarece la fiscalidad de los que cumplen y erosiona la confianza en el mercado. Por eso los automóviles gallegos, que cada día repostan en sus gasolineras de siempre, tienen interés real en que la justicia llegue hasta el final, aunque el rastro pase por Lisboa.
Lo que viene ahora
El juez que instruye el caso mantiene la instrucción abierta y los informes de la Unidad de Delitos Económicos avanzan sociedad por sociedad. Es previsible que en los próximos meses se conozcan nuevos imputados y, quién sabe, algún nombre con acento gallego. Hasta entonces, la recomendación de los expertos es sencilla: mirar el caso Aldama no como un espectáculo madrileño, sino como un aviso sobre cómo circula el dinero sucio por una península ibérica mucho más conectada de lo que parece.
Galicia, que tanto sabe de fronteras y de atravesarlas, tiene motivos de sobra para estar atenta.
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