Hay jornadas en las que la actualidad gallega no se mide en titulares locales, sino en el eco que alcanza más allá de nuestras fronteras. Este 8 de septiembre ha sido una de ellas. Mientras la comunidad sigue de luto por la tragedia de Baleira y el accidente de la A-6, dos nombres propios han puesto a Galicia en el centro de la conversación mediática española: Pedro Blanco y Marta Gómez Montero. Y conviene detenerse en lo que ambos casos dicen de nosotros.
El talento que nace aquí y manda allí
Que un periodista gallego tome las riendas de Hoy por Hoy, el programa insignia de la radio española, no es una anécdota menor. Galicia no exporta solo materias primas o talento futbolístico: exporta voces, criterio y capacidad de explicar el país. La radio es el oficio más exigente de todos —no hay imagen que sostenga la palabra— y confiarla a alguien formado aquí dice mucho de la cantera periodística gallega, de sus medios comarcales y de esa cultura del esfuerzo que tantas veces se confunde con modestia.
El revuelo de Marta Gómez Montero: entre el ruido y el respeto
Muy distinto es el caso de Marta Gómez Montero. Su salida de Malas lenguas ha generado un revuelo nacional que, sinceramente, debería invitarnos a la reflexión más que al festejo. Hay algo incómodo en cómo se consume hoy la televisión de controversia: convertimos a las personas en personajes, los personajes en carne de debate y el debate en audiencia. Su vínculo gallego —su trayectoria, su familia— se ha analizado esta semana casi como un expediente. ¿No estaremos pidiendo a los comunicadores que sean al mismo tiempo espejo y monigote?
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Conoce más →Ambos casos, en realidad, son las dos caras de una misma moneda: la visibilidad. Una, la que se gana con años de oficio y llega con naturalidad. Otra, la que se obtiene por la puerta de atrás del culebrón mediático. Como comunidad, deberíamos celebrar ruidosamente la primera y exigir más respeto en la segunda.
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Ver planes de hosting →Lo que la jornada se lleva por delante
Pero sería un error cerrar esta columna sin mirar al resto del día. Porque la misma jornada que lleva a dos gallegos a los focos nacionales deja también dos muertos en la A-6 y un jefe de la Guardia Civil fallecido en Baleira. La paradoja de la actualidad es cruel: el ruido mediático ocupa minutos de gloria mientras el dolor real ocupa vidas enteras. A las familias de las víctimas de la autovía y al entorno del subdelegado hallado muerto les llega hoy el silencio incómodo de quien no tiene respuestas. Y ese silencio, también es noticia.
Una comunidad que se reconoce en todas sus voces
Galicia se mira hoy en sus comunicadores, en sus guardias civiles, en sus conductores, en sus médicos que advierten del riesgo de la rabia y en sus futbolistas que sueñan con millones. Una comunidad es eso: la suma de voces que a veces aplauden, a veces lloran y a veces exigen. Nuestro deber como medio es no perder ninguna de las tres.
Que la radio nacional suene con acento gallego es una excelente noticia. Que la televisión convierta a una gallega en personaje de controvertido es una oportunidad para discutir qué tipo de conversación pública queremos. Y que un día como hoy termine con dos fallecidos en la carretera es, sencillamente, una llamada de atención que no podemos dejar pasar: la prudencia al volante también es una forma de cuidarnos los unos a los otros.
La opinión expresada en este editorial es del equipo de redacción de Galicia Universal.
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