Manuel Jabois ha vuelto. Y no es que se hubiera ido, pero cada nueva novela suya desata una expectación que pocos autores gallegos consiguen en el circuito nacional. Su último trabajo, ‘La víspera’, llegó a las librerías hace apenas unas semanas y ya se habla de él como uno de los títulos más sólidos de la temporada. Ahora bien, lo que en Madrid se lee como un fenómeno editorial, en Galicia se vive con un orgullo casi de aldea.
Un pontevedrés que nunca dejó de serlo
Nacido en Pontevedra en 1978, Jabois empezó muy joven en el periodismo local. De hecho, su primera columna la publicó en el Diario de Pontevedra con apenas diecisiete años, una precocidad que ya dejaba entrever su facilidad para mirar el mundo con retranca. Luego vendrían Madrid, la radio, El País y la televisión, pero él siempre ha mantenido ese poso de la ría al fondo del estilo. Lo cierto es que, por mucho que se codee con la élite cultural madrileña, Jabois conserva una forma de narrar que tiene cadencia gallega: frases que se estiran como las olas en A Lanzada y remates cortos que golpean sin avisar.
Su trayectoria literaria despegó con ‘Irse a Madrid’ (2011), una recopilación de columnas que ya mostraba su capacidad para convertir lo cotidiano en literatura. Más tarde llegaron novelas como ‘Malahermosa’ o el exitoso ‘Mirafiori’, con el que dio un salto de ambición narrativa. ‘La víspera’ es su tercer trabajo de ficción larga y, según confiesan en su editorial, ha arrancado con un ritmo de ventas un 35 % superior al de su predecesora, una cifra que en el sector solo se ve cuando un autor cruza la frontera del interés periodístico al literario.
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Conoce más →Secretos que pesan más que la morriña
La novela narra el reencuentro de dos hermanos que llevan décadas sin hablarse. La excusa es la venta de la casa familiar, una casona en un pueblo costero que cualquier gallego imaginaría entre Combarro y Sanxenxo. A partir de ahí, Jabois despliega un artefacto de precisión emocional: los silencios de toda una vida van saliendo a la superficie mientras la trama alterna presente y pasado. Cabe recordar que el autor ya había explorado las relaciones paternofiliales en ‘Mirafiori’, pero aquí da un paso más hacia el territorio de los secretos que envenenan.
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Ver planes de email →La crítica ha destacado, sobre todo, la honestidad descarnada del texto. No hay concesiones al sentimentalismo fácil. Y, sin embargo, el lector se reconoce en esos pequeños gestos fallidos, en esa incapacidad tan gallega —tan universal, en realidad— de decir te quiero antes de que sea demasiado tarde. «Jabois escribe como si pidiese perdón por emocionar, y justo por eso emociona el doble», comentaba un editor de Alfaguara en la presentación del libro en Madrid.
«La víspera es la historia de todo aquello que no nos atrevimos a preguntar en la mesa de la cocina. Manuel tiene la virtud de hacer universal lo que pasa en una aldea gallega, sin recurrir al tópico»
— Un responsable editorial de Alfaguara durante la presentación nacional.
De hecho, hay en la novela un poso de morriña que no es solo geográfica. Es la nostalgia por los vínculos que se rompieron, por las versiones de nosotros mismos que dejamos atrás al crecer. Jabois sitúa la acción a caballo entre Madrid y esa Galicia rural que conoce bien, pero que prefiere insinuar en lugar de describir con brocha gorda. Esa contención es, precisamente, lo que hace que el paisaje gallego respire en cada página sin empachar.
El eco de la terra en el escaparate nacional
Que un autor gallego ocupe portadas de suplementos culturales no es ninguna rareza, pero lo cierto es que Jabois ha logrado algo esquivo: ser leído masivamente sin renunciar a su identidad. Sus columnas en El País son de las más comentadas del periódico, sus intervenciones en la Cadena SER acumulan seguidores y cada tuit suyo se convierte en conversación nacional. Aun así, él sigue volviendo a Pontevedra siempre que puede, como si necesitase recargar la batería de la ironía en las calles de su infancia.
‘La víspera’ no es una novela “gallega” en el sentido folclórico del término. No hay gaitas ni meigas. Pero está atravesada por esa retranca que los gallegos reconocemos al instante: la tendencia a responder con media verdad, a proteger el dolor propio con un chiste, a querer sin aspavientos. Esa es la contribución más valiosa de Jabois al panorama literario actual: demostrar que se puede hacer literatura universal desde una sensibilidad profundamente local.
Las librerías gallegas ya exhiben ‘La víspera’ en sus escaparates, a menudo junto a una pequeña bandera de Pontevedra o una nota manuscrita del librero. El boca a boca funciona. Y aunque el autor ya no vive aquí a diario, lo cierto es que su literatura no ha perdido el acento. Al contrario, cada vez se nota más. Como esos gallegos que, al volver de la emigración, hablan un castellano con ritmo de muiñeira sin darse cuenta. Manuel Jabois escribe con la cabeza en Madrid y el corazón en la ría. Y se nota.
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