Lo cuenta La Voz de Galicia, y la imagen tiene poso de historia: Jorge Otero, con la camiseta de la selección española, posa en Nigrán. No es un gesto cualquiera. El defensa, natural de este concello pontevedrés, forma parte de un club muy selecto. Solo quince futbolistas gallegos han vestido la elástica nacional en un Mundial. Él lo hizo en Estados Unidos, en 1994. Y ahora, más de treinta años después, otro nombre propio de la comarca puede escribir una página dorada.
Un orgullo que cruza generaciones
La selección española afronta el Mundial de 2026 con un claro acento gallego. Y no es para menos. Borja Iglesias, delantero de referencia, aspira a convertirse en el primer futbolista nacido en Galicia en alzar la Copa del Mundo. Una posibilidad que, en Nigrán, se sigue con una mezcla de emoción y esperanza. Otero lo verbaliza sin titubeos: si el de Santiago de Compostela logra el hito, la celebración será colectiva. El país entero, dice, lo festejará como propio.
Conviene recordar que el listón está alto. Desde aquel lejano 1934, cuando Chacho se convirtió en el pionero, hasta el presente, la representación gallega en los mundiales ha sido escasa pero de calidad. Cada nombre tiene su peso. Y el de Borja, en caso de éxito, sumaría un capítulo inédito. Nadie antes lo había conseguido. Ahí está la clave.
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Conoce más →El recuerdo de un torneo magnífico
Otero habla desde la experiencia. Su participación en el Mundial de Estados Unidos, pese a las dudas iniciales que rodearon al combinado nacional, la califica de «magnífica». Un torneo que, visto en perspectiva, marcó un antes y un después en la forma de entender el fútbol de selecciones. Aquella España, con jugadores de la talla de Guardiola, Hierro o Caminero, plantó cara a los mejores. Y Otero, desde su puesto en defensa, fue testigo de excepción.
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Hosting WordPress →No es menor el dato: el de Nigrán es uno de esos quince privilegiados que han llevado el nombre de Galicia por el mundo en la máxima competición futbolística. Un legado que ahora puede engrandecerse. La cifra habla por sí sola. Quince en casi un siglo. Demasiado tiempo sin un campeón gallego.
Un vínculo que trasciende lo deportivo
La conexión entre Otero y Borja Iglesias va más allá del mero hecho de compartir origen geográfico. Ambos representan una forma de entender el fútbol, con raíces en el fútbol base gallego y una proyección que los ha llevado a la élite. En Nigrán, donde Otero es figura venerada, el seguimiento al delantero es casi obsesivo. Cada gol, cada partido, cada paso hacia el título se vive con intensidad.
Lo cierto es que la posibilidad de que Galicia tenga por fin un campeón del mundo ha generado una corriente de ilusión difícil de ignorar. El fútbol, se sabe, es capaz de unir voluntades. Y en este caso, la figura de Borja Iglesias actúa como catalizador de un sentimiento colectivo que lleva décadas latente. Quince futbolistas. Noventa años de historia. Y un único objetivo que hasta ahora se había resistido.
El peso de la historia
Si algo demuestra la trayectoria de Otero es que el camino hasta un Mundial es largo y lleno de obstáculos. Pero también que, cuando se alcanza, la recompensa es imborrable. El defensa de Nigrán guarda con cariño aquellos días en Estados Unidos. Un torneo que, pese a las críticas y los pronósticos adversos, terminó siendo una experiencia inolvidable. Ahora, treinta y dos años después, otro gallego puede superar esa gesta.
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