Un amenaza que se abre paso por el calentamiento global
El miedo acecha en las aguas costeras españolas y el nombre de esta amenaza da auténtico pavor. Se le conoce popularmente como la bacteria «comedora de carne» y su nombre científico es Vibrio vulnificus. De hecho, las recientes alertas sanitarias a nivel nacional han puesto los pelos de punta a más de un bañista antes de dar el típico chapuzón estival. Este microorganismo marino prolifera en aguas cálidas y poco saladas, y suele causar infecciones graves cuando entra en contacto con heridas abiertas.
Ahora bien, lo cierto es que los casos letales siguen siendo una anomalía estadística, pero el cambio climático está redibujando el mapa de riesgo en toda Europa. Las temperaturas de los mares y océanos están subiendo a un ritmoalarmante. Hablamos de un incremento de casi un grado en la última década en ciertas zonas del litoral peninsular, una subida que parece modesta pero que supone tres veces más que la media histórica. Esa alteración térmica permite que bacterias propias de subtropicales se abran camino hacia el norte.
El termómetro de las rías y la vulnerable economía marisquera
Ante este escenario, la gran pregunta cae por su propio peso. ¿Existe un riesgo real de contagio en nuestras frías rías? Por lo general, el Atlántico gallego ha sido nuestro mejor escudo natural. Nuestras rías bañan la costa con temperaturas que rara vez superan los dieciocho o veinte grados en pleno verano. Es un clima duro, el de nuestra terra, que históricamente nos ha protegido de invasiones biológicas de carácter tropical.
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Ver en Hotels.com → PublicidadSin embargo, no podemos cantar victoria y bajar la guardia. Lo cierto es que los últimos veranos estamos registrando olas de calor marinas inusitadas, con bolsas de agua localizadas que superan los veintidós grados en pleno agosto. Ese escenario, unido a los periodos de lluvias intensas que reducen la salinidad del agua, crea el caldo de cultivo perfecto. Para nuestroектор sector marisquero no es un asunto menor, ya que el bivalvo puede actuar como reservorio temporal del microorganismo si se filtra en las zonas de extracción.
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Ver planes de email →«Nuestras rías no son todavía un hábitat propicio para esta bacteria de forma permanente, pero debemos vigilar de cerca las anomalías térmicas puntuales, especialmente en las zonas más internas y cerradas, donde el agua se renueva con menos facilidad», advierte la jefa del Departamento de Sanidade Animal de un consello regulador costero.
El sector extractivo vive estas alertas con la retranca de quien conoce el mar, pero también con una lógica prudencia. Los profesionales del marisco y la pesca de bajura saben que su piel está expuesta de forma continua a cortes y rozaduras. Saben también que el menor descuido puede pasar factura en época de mareas vivas. Por ello, las recomendaciones de los técnicos de prevención pasan por impermeabilizar cualquier corte con tiritas resistentes al agua y usar guantes protectores, una práctica habitual pero que ahora cobra una relevancia vital.
Precaución para el bañista y disfrute responsable
Para el ciudadano de a pie que se acerca a las playas de la Costa da Morte o a las Rías Baixas, el mensaje de las autoridades sanitarias no es el de generar pánico. Es pura lógica sanitaria aplicada al ocio. La inmensa mayoría de las infecciones ocurren en personas con el sistema inmunológico deprimido o en aquellos que se meten al agua con heridas sin cicatrizar. El patógeno aprovecha la puerta de entrada para colonizar el tejido blando, por lo que la prevención es realmente sencilla.
Cabe recordar que la bacteria no es la única responsable de la necrosis acelerada, pero sí la que genera más alarma social al llegar a los titulares. La morriña por un verano tranquilo no debe nublarse por unos pocos gramos de carne contaminada en las aguas del Cantábrico o el Mediterráneo. Aquí, con el frescor habitual del viento del norte, el riesgo se diluye.
Así, las recomendaciones se ciñen al sentido común. Evitar bañarse si se tiene una herida abierta, por pequeña que sea. Y si se sufre algún corte en las rocas, lavar inmediatamente con agua dulce y jabón, aplicando después un antiséptico tópico. Observar la zona durante los días siguientes es vital. Si aparece un enrojecimiento anormal, calor local o fiebre repentina, hay que acudir a urgencias sin demora y avisar de que se ha estado en contacto con agua marina.
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