jueves, 30 de julio de 2026 | Galicia, España
ÚLTIMA HORA La tradición de los ataúdes en Ribarteme se apaga: un pulso entre fe y renovación
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La procesión de Santa Marta de Ribarteme pierde los ataúdes: el cura gana la partida

La procesión de Santa Marta de Ribarteme pierde los ataúdes: el cura gana la par

Las campanas de la iglesia de Santa Marta de Ribarteme, en el concello pontevedrés de As Neves, volvieron a sonar este miércoles con la misma fuerza de siempre. Pero algo faltaba. O mejor dicho, alguien había decidido que faltara. La procesión más famosa de la comarca del Condado, esa que desde el siglo XVIII arrastra a cientos de personas dispuestas a meterse en un ataúd para cumplir una promesa, vivió una jornada atípica. El párroco, firme en su decisión, había prohibido los féretros. Y ganó.

Durante la mañana, un único ataúd, cerrado y misterioso, permaneció apoyado contra el muro del recinto de la iglesia. Los más veteranos lo miraban con esperanza. Quizás, se decían, alguien se atrevería a desobedecer. Pero cuando la imagen de la santa salió del santuario, cargada por cuatro fieles en un silencio inusual, el cadaleito no se movió. Se quedó allí, inmóvil, como esperando un milagro que nunca llegó.

La decisión del párroco que partió la tradición

No es menor el dato. La procesión de Santa Marta de Ribarteme es una de las más singulares de la religiosidad popular gallega. Cada 29 de julio, quienes han superado una enfermedad grave o una situación límite se introducían en un ataúd y eran portados a hombros por las calles del pueblo, como ofrenda a la santa por haberles salvado la vida. Una tradición que mezcla fe, superstición y un punto de espectáculo que atraía a miles de visitantes.

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Pero este año el sacerdote lo dejó claro: nada de féretros. Su argumento, según fuentes eclesiásticas, pasaba por considerar la práctica alejada del sentido litúrgico de la celebración. Una decisión que no sentó bien entre los vecinos más apegados a la costumbre. «Es una pena, dentro de poco esto morirá», lamentaba un alto cargo de la organización de la romería, en declaraciones recogidas durante la jornada. La frase, cargada de resignación, resume el sentir de quienes ven cómo una seña de identidad se desvanece.

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Conviene recordar que el año pasado ya hubo tensión. Algunos vecinos desafiaron entonces la postura del cura y sacaron un ataúd a la procesión. Este año, la disciplina ha sido total. O casi. Ese féretro solitario, sin dueño conocido, fue el único vestigio de una tradición que se resiste a morir. Pero no bastó.

Un silencio que pesó más que los cánticos

Lo cierto es que la procesión se celebró, y con solemnidad. La virgen recorrió las calles de Ribarteme, flanqueada por cientos de fieles. Pero el ambiente era distinto. Quienes han vivido otras ediciones describen un silencio extraño, una falta de ese fervor casi teatral que envolvía el paso de los ataúdes. Ahí está la clave: la procesión sin féretros es otra cosa. Es una romería más, de las muchas que salpican el calendario gallego.

La decisión del párroco no es un capricho. En los últimos años, la Iglesia ha tratado de depurar ciertas prácticas que considera más cercanas al folklorismo que a la fe. Pero en un pueblo pequeño, donde la tradición se transmite de generación en generación, estas decisiones duelen. «Dentro de poco esto morirá», repetía un vecino mientras veía pasar a la santa. Demasiado tiempo para una costumbre que se remonta al siglo XVIII.

El futuro de una romería única

La pregunta que flota en el aire de As Neves es si la procesión de Santa Marta de Ribarteme sobrevivirá a esta purga. Porque sin ataúdes, el gancho mediático se diluye. La televisión, los fotógrafos, los curiosos que cada año se acercaban desde toda Galicia y más allá… todos venían por lo mismo: ver a alguien dentro de un féretro, vivo, pidiendo a la santa que le permita seguir así.

No parece casualidad que la noticia haya corrido como la pólvora. Lo que ocurrió este miércoles en Ribarteme trasciende lo local. Es el debate entre tradición y ortodoxia, entre la fe del pueblo y la doctrina oficial. Y por ahora, gana la doctrina.

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Carmen Dorado

Periodista especializada en cultura y sociedad gallega. Colaboradora habitual en medios digitales del noroeste peninsular.

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