Taz Skylar, actor nacido en Canarias y uno de los protagonistas de la adaptación en vivo de One Piece en Netflix, ha declarado que la producción le ha puesto a prueba tras el estreno de la segunda temporada en marzo de 2026. Skylar, que interpreta al cocinero del grupo conocido como Sanji, atribuye esas dificultades tanto al intenso calendario de rodaje como a la presión de encarnar a un personaje tan querido por millones de seguidores. El actor confiesa que, a pesar de la expectación global, la experiencia le ha servido para crecer profesionalmente y para construir una versión propia del personaje. Su origen canario y la mezcla cultural de su familia —madre británica y padre libanés— han marcado su forma de abordar el papel y su relación con la serie.
En la entrevista, Skylar contó que no era lector habitual del manga antes del proyecto, aunque sí consumió el anime en su infancia, como tantas generaciones que crecieron viendo series japonesas en la televisión española. Al recibir la propuesta de Netflix, decidió volver al material original y leyó el manga desde el principio hasta el punto donde avanzaba la producción para comprender mejor el bagaje y las motivaciones de Sanji. Aun así, explicó que mantuvo cierta distancia respecto a las imágenes preconcebidas del personaje para poder aportar matices personales a su interpretación. Ese enfoque le permitió, según dijo, construir una versión que respeta al original sin limitarse a reproducir una iconografía fija.
Skylar detalló también la relación que han establecido los actores con el creador del manga, Eiichirō Oda, quien se mostró cercano y participativo con el reparto desde antes del estreno de la primera temporada. Relató que Oda les invitó a cenar en Japón y que mantiene un contacto habitual con el equipo, intercambiando mensajes por WhatsApp y ofreciendo apoyo cuando es necesario. Según el actor, esa cercanía ha sido clave para que la adaptación conserve el espíritu de la obra original y para que los intérpretes se sientan respaldados en decisiones creativas. Oda, insistió Skylar, no impone sino que acompaña y aconseja, lo que facilita un proceso compartido entre autor y equipo de la serie.
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Conoce más →La producción, que adapta el manga más vendido de la historia, llega con la dificultad añadida de manejar una base de fans exigente y diversa. Skylar reconoció la magnitud del reto: «Todo el mundo tenía una imagen del personaje», dijo, y admitió que esa presión existe, aunque eligió no obsesionarse con satisfacer a cada seguidor. En su preparación, el actor profundizó en la historia del personaje, incluso más allá de lo que aparece en la temporada actual, para entender mejor el pasado de Sanji y las dinámicas del grupo. Esa investigación marcó su trabajo actoral y le ayudó a encajar las escenas más complejas desde el punto de vista emocional y físico.
En cuanto al retrato del carácter galante y coqueto de Sanji, Skylar apuntó que ha intentado modular ese rasgo para ofrecer una lectura más completa y humana del personaje, sin negar su esencia. Explicó que equilibrar la comicidad con momentos de mayor drama y acción fue uno de los principales desafíos durante el rodaje, que exige además una preparación física notable. La convivencia con los compañeros de reparto y la exigencia de escenas de lucha y cocina bajo presión han puesto a prueba su resistencia, tanto en jornadas largas como en ensayos continuos. El actor subrayó que el trabajo de equipo fue determinante para afrontar esa intensidad.
Más allá del desempeño individual, la serie ha supuesto una puesta en escena de grandes recursos técnicos y logísticos, con localizaciones y rodajes que han cruzado continentes, según los responsables de la producción. Para Skylar, el contexto de un producto de esta escala obliga a una disciplina profesional inusual en otros proyectos televisivos, algo que él valora como una oportunidad para aprender. También destacó el impacto que la visibilidad global de Netflix tiene sobre los intérpretes, que ven ampliadas sus responsabilidades artísticas y mediáticas. La suma de esos factores, dijo, explica por qué la serie ha resultado tan exigente en lo personal y en lo colectivo.
El actor canario relató además aspectos más personales, como su broma recurrente sobre ser confundido con un «guiri» pese a su origen, un gesto de autocrítica que utiliza para relativizar la fama y acercarse al público. Habló de su trayectoria previa y de cómo este papel ha supuesto un antes y un después en su carrera, abriéndole puertas internacionales y colocándole en el centro del debate sobre las adaptaciones de manga a imagen real. Skylar mostró agradecimiento por el apoyo de los seguidores y, al mismo tiempo, prudencia sobre el futuro: asegura que seguirá aprendiendo del personaje y del equipo para futuras entregas. Su prioridad, concluyó, es honrar la obra original y mantener la autenticidad en cada episodio.
Con la segunda temporada ya disponible en la plataforma y la influencia del fenómeno global de One Piece más visible que nunca, la adaptación continúa enfrentando expectativas y críticas que marcarán su recorrido. Skylar se muestra dispuesto a seguir asumiendo retos, consciente de que la exposición trae aparejadas exigencias nuevas y continuas. Para él, la serie no solo ha sido una prueba de resistencia física y emocional, sino una escuela de trabajo colectivo y de aprendizaje cultural, especialmente por la relación estrecha con su autor. Ahora, manifestó, toca esperar la reacción del público y seguir construyendo personaje por personaje en las próximas entregas.
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