La autovía A-54, que conecta Lugo con Santiago de Compostela, acumula ya ocho meses de retraso en su tramo final y el Ejecutivo no ofrece una fecha concreta de apertura al tráfico. Como adelantó La Voz de Galicia, los trabajos del último tramo pendiente —los 16 kilómetros entre Melide y Arzúa, que debían estar terminados en enero— avanzan a un ritmo muy inferior al previsto, con el enlace de la villa arzuana como punto más problemático de toda la actuación.
Un enlace, un cuello de botella
Difícil encontrar un ejemplo más claro de obra eterna que esta. El tramo Melide-Arzúa es el único que falta para que la A-54 quede completa de punta a punta, y sin embargo los trabajos se han ralentizado precisamente donde más urge terminar: el enlace con Arzúa. Ahí está la clave del retraso. Mientras el resto del corredor lleva años en servicio, esta conexión intermedia sigue siendo un solar de maquinaria, movimientos de tierras y plazos incumplidos.
No es menor el dato del calendario. El compromiso inicial hablaba de enero como fecha de finalización. Han pasado ocho meses y la respuesta oficial se mantiene invariable: la apertura llegará «lo antes posible». Una fórmula que, conviene recordar, ya se ha repetido en anteriores aplazamientos de esta misma infraestructura.
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Quien conozca las comarcas de Arzúa y de Melide sabe lo que significa esta vía. La A-54 atraviesa una de las zonas más transitadas del Camino Francés, une dos de las grandes ciudades gallegas y descarga de tráfico la vieja N-547, una carretera convencional que soporta un volumen de vehículos para el que no fue diseñada. Cada mes de retraso son semanas adicionales de circulación por una nacional con travesías, rotondas y puntos negros.
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Plazos que se incumplen, respuestas que no llegan
Pocas veces una infraestructura gallega ha acumulado tantos incumplimientos como la A-54. Tramo a tramo, la conexión entre Lugo y Santiago se fue completando con años de demora sobre lo previsto, y el último tramo parece condenado a repetir el patrón. Desde el Gobierno central, del que depende esta carretera, se insiste en el mensaje de la apertura inminente sin atreverse a fijar un día en el calendario. La ausencia de fecha, a estas alturas, es en sí misma una información.
A nadie se le escapa lo que significa esto para los vecinos de Arzúa y Melide, que llevan años conviviendo con obras, desvíos y promesas incumplidas. Lo cierto es que un retraso de ocho meses en un tramo de 16 kilómetros no se explica solo con genéricos sobre la complejidad del terreno. Exige explicaciones concretas y, sobre todo, un compromiso público con fecha y hora.
Queda la pregunta que se hacen miles de conductores cada semana en la N-547: ¿llegará antes la apertura o el aniversario del retraso? Porque si algo ha demostrado la historia de esta autovía, es que en la A-54 los plazos siempre son elásticos. Ojalá el enlace de Arzúa sea la última promesa rota de un corredor que Galicia lleva décadas esperando.
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