El paraguas vuelve a tener los días contados a su favor en Galicia. Los meteorólogos llevan semanas avisando de que El Niño, el fenómeno climático que nace en el Pacífico a más de 9.000 kilómetros de aquí, dejará huella en la terra este invierno. Y lo hará, según las previsiones, a base de frentes atlánticos, temperaturas más suaves de lo normal y alguna que otra borrasca memorable.
Un fenómeno del Pacífico que llega hasta el Atlántico
Lo cierto es que El Niño no es ninguna novedad. Se trata del calentamiento anómalo de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial, un fenómeno recurrente que los pescadores peruanos bautizaron hace más de un siglo porque coincidía con las fechas navideñas. Ahora bien, el episodio actual tiene números serios: la temperatura del mar en la zona clave del océano supera en más de un grado y medio los valores normales, un listón que solo cruzan los episodios de intensidad fuerte.
Los organismos meteorológicos internacionales dan por hecho que el fenómeno seguirá activo durante el invierno boreal. De hecho, la probabilidad de que persista entre diciembre y febrero ronda el 90 por ciento en los últimos análisis. En términos globales, El Niño empuja el termómetro del planeta hacia arriba y redistribuye las lluvias de medio mundo. En Europa su señal es más tímida, pero existe: tiende a desplazar la corriente en chorro hacia el sur, lo que coloca a Galicia justo en mitad de la carretera de las borrascas.
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Conoce más →Un invierno más húmedo de lo normal
Cabe recordar que un invierno cualquiera en Galicia ya es húmedo de por sí. Entre diciembre y febrero caen de media unos 450 litros por metro cuadrado, con máximos que superan los 700 en la Costa da Morte y las comarcas más occidentales. Pues bien, los modelos de Meteogalicia manejan un escenario con precipitaciones en torno a un 15 por ciento por encima de lo habitual, con diciembre y enero como meses más cargados de agua.
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Ver planes de email →La noticia no es mala para todo el mundo. Las presas gallegas, que arrastran años de sequía intermitente, podrían recuperar tono, igual que los acuíferos del interior. Ahora bien, los agricultores miran al cielo con una pointe de retranca: mucha agua en invierno no garantiza una primavera generosa, y el exceso de humedad complica tanto la siembra de la patata como el descanso de la vid en el Ribeiro o en las Rías Baixas.
«La señal de El Niño en Galicia existe, pero no es determinante: aquí mandan el Atlántico y nuestra propia geografía. Aun así, todo apunta a un invierno húmedo y suave, con borrascas frecuentes entre diciembre y febrero», explica el responsable del área de predicción de Meteogalicia.
Desde la academia, especialistas en clima de la Universidade de Santiago coinciden en el diagnóstico. La señal es débil pero consistente, dicen, y apunta a un invierno atlántico de manual, con el anticiclón de las Azores retirado y la puerta del noroeste peninsular abierta de par en par.
Menos heladas, pero con galernas de las de verdad
Las temperaturas también tendrán su papel en el guion. Las previsiones manejan un invierno entre medio grado y un grado más cálido de lo habitual, con heladas escasas en el litoral y más tímidas que nunca en las comarcas de Ourense y Lugo, donde el frío suele apretar de verdad. Para quien trabaja al aire libre, de los invernaderos de la Costa da Morte a las vendimias más tardías, ese matiz se nota en la factura y en el calendario.
Suave, eso sí, no significa tranquilo. Los inviernos marcados por El Niño favorecen borrascas profundas y muy organizadas que cruzan el Atlántico como un tren expreso, con vientos del suroeste de los que aprietan y marejadas que obligan a cerrar puertos. Las rías Baixas, las bateas de mejillón y el marisqueo a pie ya están avisados: habrá episodios de mala mar y conviene tener los planes de emergencia bien engrasados.
Conviene, en cualquier caso, guardar algo de prudencia con los pronósticos y no caer en la morriña anticipada. El Niño es un actor importante, pero no el único: la Oscilación del Atlántico Norte puede cambiar el decorado en cuestión de semanas y mandar las tormentas más al norte. Los meteorólogos gallegos lo repiten casi con sorna, y con razón. En esta terra, el único pronóstico cien por cien fiable es que va a llover; la diferencia es que este invierno, además, parece que lo hará con muchas ganas.
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