La flota pesquera gallega, en vilo: así afecta a Galicia el giro diplomático de España con Marruecos sobre el Sáhara
El tablero de la diplomacia española ha vuelto a temblar con Marruecos, y en Galicia el temblor se siente en los puertos. La decisión del Gobierno de Pedro Sánchez de apoyar el plan de autonomía marroquí para el Sáhara Occidental no es solo un movimiento de política exterior: es un terremoto con epicentro en las lonjas gallegas. Lo cierto es que para entender lo que ocurre, hay que mirar al mar, donde faenan más de 600 barcos gallegos que dependen, directa o indirectamente, de los caladeros del Atlántico.
Un giro que reabre viejas heridas
La posición del Ejecutivo central, confirmada en la cumbre bilateral de febrero, supone un cambio de rumbo de 180 grados respecto a la histórica neutralidad española. Marruecos lo celebra; el Frente Polisario, lo denuncia. Y mientras tanto, en las rías gallegas se preguntan: ¿qué pasa con los acuerdos pesqueros? Cabe recordar que el último protocolo, firmado en 2023, caduca a finales de este año. Un 12 % de las capturas de la flota de altura gallega provienen de esas aguas, una cifra que triplica la media del resto de flotas españolas.
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Conoce más →La Xunta de Galicia, por boca de su conselleiro do Mar, Alfonso Villares, ya ha mostrado su inquietud. En una comparecencia reciente, el responsable autonómico pidió «garantías jurídicas y comerciales» antes de cualquier nuevo acuerdo. La morriña por los viejos tiempos de caladeros propios se mezcla con la retranca de saber que, en esta partida, Galicia juega con cartas marcadas por la geopolítica.
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Hosting WordPress →«No podemos permitir que la flota gallega sea moneda de cambio en una negociación que no controlamos. Necesitamos un marco estable que proteja los intereses de nuestros armadores y de los 10.000 empleos que dependen del sector», declaró un portavoz de la Consellería do Mar.
El pulso por el Sáhara y la letra pequeña
El reconocimiento español de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental no es un gesto vacío. Implica, de facto, que cualquier acuerdo pesquero futuro deberá negociarse directamente con Rabat, dejando fuera al Polisario. Para la flota gallega, esto es un arma de doble filo. Por un lado, Marruecos es un socio comercial consolidado: las exportaciones gallegas de productos del mar al país alauí crecieron un 22 % en el último año, superando los 45 millones de euros. Pero, por otro, la dependencia de un único interlocutor deja a los armadores en una posición frágil.
De hecho, en las cofradías de pescadores de Vigo y A Coruña se escuchan voces escépticas. «Ya nos pasó en los 90, cuando se cerró el primer acuerdo y dejaron a media flota en dique seco», comenta un patrón de cerco que prefiere guardar el anonimato. La experiencia de la crisis del bonito en 2001, cuando las restricciones marroquíes dejaron sin trabajo a cientos de familias en Burela, sigue muy presente. Ahora, el miedo es que el giro diplomático endurezca las condiciones de acceso a los caladeros.
La posición de la Xunta, aunque crítica con el fondo de la decisión, busca pragmatismo. El presidente Alfonso Rueda ha evitado confrontar directamente con Moncloa, pero ha exigido «compensaciones claras» si el nuevo escenario perjudica a la flota. No es para menos: el sector pesquero representa el 4,5 % del PIB industrial gallego, y cualquier alteración en los caladeros del sur tiene un efecto dominó en las conserveras de O Morrazo y los astilleros de la ría de Vigo.
¿Un futuro incierto para la flota de altura?
Mientras los diplomáticos negocian en Madrid y Rabat, en los puertos gallegos se preparan para lo peor. La flota de altura, especializada en especies como el pulpo, la merluza y la caballa, es la más expuesta. Un 30 % de la flota de Vigo faena en caladeros marroquíes o saharauis, según datos de la Asociación de Armadores de Pesca. Si el acuerdo no se renueva en condiciones favorables, el impacto sería brutal: pérdida de empleos directos e indirectos y una caída en la actividad de los puertos de Celeiro, Marín y Ribeira.
Ahora bien, no todo son nubarrones. Algunos analistas apuntan a que la estabilidad diplomática con Marruecos podría abrir nuevas oportunidades comerciales. El país norteafricano es un mercado emergente para productos gallegos de calidad, desde el marisco congelado hasta los vinos de las Rías Baixas. La clave, como siempre en esta terra, está en la retranca: saber negociar sin perder la dignidad ni el pan de la mesa. Porque, al fin y al cabo, la diplomacia entre Madrid y Rabat se juega en los despachos, pero la factura se paga en las lonjas gallegas.
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