La generación que no quiere quedarse atrás
Mientras en las pantallas de medio mundo se multiplican los debates sobre la inteligencia artificial y el futuro del trabajo, los jóvenes gallegos observan su realidad con una mezcla de curiosidad y urgencia. El 68 % de los menores de 30 años en Galicia usa internet más de cinco horas al día, según el último informe del Observatorio da Sociedade da Información, pero no todos ven en lo digital una oportunidad. Muchos, de hecho, lo viven como una necesidad: la de no quedarse fuera de un tren que ya lleva décadas en marcha.
La brecha digital en la juventud gallega ya no es solo cuántos tienen acceso a la red, sino qué hacen con ese acceso. Mientras en ciudades como Vigo o A Coruña el 72 % de los jóvenes entre 16 y 29 años está inscrito en algún curso de formación tecnológica —desde programación hasta marketing digital—, en comarcas como Terra Chá o O Deza la cifra se desploma hasta el 34 %. La despoblación, ese fantasma que recorre Galicia desde hace décadas, ahora tiene un nuevo rostro: el de quienes emigran no por falta de trabajo, sino por falta de futuro digital en sus pueblos.
Formación con acento gallego: cuando el talento se cultiva en casa
Galicia lleva años trying to reinventarse. El Plan de Formación Profesional para el Empleo 2023-2025 destinó 45 millones de euros a programas específicos para jóvenes en sectores tecnológicos, pero los resultados son desiguales. En Ourense, por ejemplo, el centro de FP de Verín ha logrado colocar al 89 % de sus alumnos de Desarrollo de Aplicaciones Web en el mercado laboral en menos de un año. En cambio, en Lugo capital, donde la oferta es más amplia, el éxito baja al 67 %: el problema no es la formación, sino la falta de empresas locales que contraten.
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Conoce más →«No es lo mismo aprender a programar en una ciudad con fifty tech startups que hacerlo en un pueblo donde la única empresa de informática es la sucursal de un banco», explica María López, coordinadora del programa «Galicia Código» en la Diputación de Pontevedra. «Aquí lo que falta no son ideas, sino ecosistema. Un joven que termina un curso de ciberseguridad en Ribadavia puede acabar trabajando en Madrid o Barcelona si no encuentra aquí un proyecto que le enganche.»
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Hosting WordPress →«En Galicia tenemos universidades que forman a algunos de los mejores ingenieros del país, pero luego los perdemos porque no somos capaces de ofrecerles un proyecto de vida aquí. La morriña por la terra está bien, pero si no hay oportunidades, se convierte en un lastre.» — Director de una escuela de negocios de Santiago de Compostela.
Tecnología como tabla de salvación (y de fuga)
El sector tecnológico gallego crece a un ritmo del 8 % anual, según datos de la Axencia Galega de Innovación (Gain), pero el 70 % de las ofertas de empleo en este ámbito se concentran en las tres grandes ciudades. Esto explica por qué, aunque Galicia forme al 12 % de los programadores junior del Estado —un porcentaje altísimo para su población—, muchos acaban marchándose. La Xunta lo sabe y por eso apuesta fuerte por los «polos de innovación rural», como el de Allariz o el de Viveiro, donde intentan atraer a empresas tecnológicas con ayudas a la contratación.
Ahora bien, el problema de fondo sigue siendo el mismo: la falta de arraigo. Un estudio de la Universidade de Vigo reveló que el 63 % de los jóvenes gallegos menores de 30 años considera la emigración como una opción vital, aunque sea temporal. No es solo cuestión de salarios, sino de perspectivas. «En Galicia hay talento, pero nos falta confianza», admite un responsable de una incubadora de startups en A Coruña. «Los inversores extranjeros miran nuestra región con lupa, pero cuando ven que los mejores perfiles se van a Madrid o Berlín, se lo piensan dos veces.»
Mientras tanto, en los pueblos, la juventud se organiza. En pequeños grupos, a veces con el apoyo de los ayuntamientos, impulsan proyectos como «Código Rural», una iniciativa que enseña programación básica a adolescentes en aldeas de Ourense y Lugo. «No queremos que nuestros hijos tengan que irse a buscar trabajo, queremos que lo encuentren aquí», dice un padre de familia de Chantada que participa en el proyecto. «La tecnología no es el problema, es la solución. Pero hay que llevarla a donde está la gente.»
El futuro no espera (ni perdona)
Galicia tiene una baza única: su posición geográfica, su bilingüismo y una cultura del esfuerzo que difícilmente se encuentra en otras regiones. Pero el tiempo apremia. El 42 % de los jóvenes gallegos cree que su generación tendrá menos oportunidades que la anterior, según una encuesta del Consello da Xuventude. No es una percepción, es una advertencia. Los datos de matriculación en carreras STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) han subido un 15 % en cinco años, pero la fuga de cerebros sigue siendo un drama silencioso.
Lo cierto es que Galicia no puede permitirse perder a su juventud otra vez. No cuando el mundo digital avanza a pasos agigantados y cada perfil técnico cuenta. El reto ya no es solo formar, sino retener. Y eso pasa por algo más que subvenciones: pasa por crear ilusión, por demostrar que aquí también hay futuro. Porque, al final, como dicen en muchos pueblos gallegos, «non é o mesmo ter terra que ter futuro».
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