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Manuela Carmena, la jueza de origen gallego que pone en evidencia la baja formación de los políticos: el debate que sacude a Galicia

Manuela Carmena, la jueza de origen gallego que pone en evidencia la baja formación de los políticos: el debate que sacude a Galicia

Que una exjueza de la Audiencia Nacional, con un 86% de los votos en las primarias de su partido, ponga el dedo en la llaga sobre la preparación de la clase política es, cuando menos, un aldabonazo. Manuela Carmena, la que fuera alcaldesa de Madrid, ha vuelto a la primera línea mediática con unas declaraciones que, dicho sea con retranca, han sentado como un jarro de agua fría en más de un despacho oficial. La cuestión es simple y compleja a la vez: la formación de quienes nos gobiernan es, según ella, insuficiente para los retos del siglo XXI.

Carmena, que no es una política al uso, sino una jurista de largo recorrido, no se ha mordido la lengua. En una entrevista reciente, afirmó que la democracia actual adolece de una falta de «excelencia técnica» entre sus representantes. Y aquí, en Galicia, la cosa pega fuerte. Porque la familia materna de Carmena es de Ourense, de la comarca de Valdeorras para más señas, y ella misma lo ha recordado en más de una ocasión, visitando la terra con una morriña que traspasa la pantalla. No es una extraña, es una gallega de diáspora que vuelve para dar lecciones de las que duelen.

El espejo gallego: ¿formación o clientelismo?

Lo cierto es que el debate sobre la preparación de los políticos no es nuevo en las Rías Baixas ni en las montañas de Lugo. De hecho, Galicia es una de las comunidades con mayor proporción de cargos públicos con estudios superiores, rozando el 70% en los concellos de más de 20.000 habitantes, según datos del Consello de Contas. Ahora bien, la cosa cambia cuando se mira a las pequeñas parroquias. En los municipios de menos de 5.000 vecinos, que son legión en el rural gallego, la formación reglada cae en picado. No es que no haya talento, es que la política local se convierte a menudo en un refugio para jubilados anticipados o para quienes ven en el acta un sueldo fijo en tiempos de vacas flacas.

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Carmena, con esa mezcla de ternura y firmeza que la caracteriza, viene a decir que no basta con tener un título. La clave está en la capacidad de gestionar la complejidad, de entender un expediente de contratación o de saber leer un balance municipal. Y eso, en una tierra donde el caciquismo de toda la vida ha sido reemplazado por un clientelismo más sutil, es un aviso a navegantes. Cabe recordar que la propia Carmena, durante una visita a Santiago en 2019, ya advirtió que la política gallega necesitaba «aire fresco» y menos «endogamia». Entonces sonó a brindis al sol. Hoy, con sus nuevas declaraciones, cobra un sentido casi profético.

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Una llamada a la excelencia con acento ourensano

El análisis de la exalcaldesa no se queda en la crítica. Ella propone un modelo donde la formación continua sea obligatoria, casi como un máster permanente para ediles y diputados. Algo que en la Escola Galega de Administración Pública ya se intenta, pero con una asistencia voluntaria que deja mucho que desear. «La política no puede ser un oficio de aprendices», llegó a decir en un foro en Vigo, según fuentes de la organización. Y es que la reflexión de Carmena resuena especialmente en una comunidad donde el peso de la administración local es brutal: 313 concellos, muchos de ellos con presupuestos que no llegan al de una pyme mediana.

«No se trata de que todos sean catedráticos, sino de que tengan la humildad de reconocer que gobernar un ayuntamiento es más complejo que gestionar una comunidad de vecinos. Y eso, en Galicia, se olvida con demasiada frecuencia.»

La frase, atribuida a un portavoz de la Federación Galega de Municipios, sirve de colofón a un debate que, como el caldo gallego, cuece a fuego lento pero acaba quemando. La pregunta que flota en el aire es si los partidos gallegos, desde el PP al BNG pasando por el PSOE, están dispuestos a escuchar a esta ourensana ilustre. O si, por el contrario, seguirán pensando que con un puñado de votos y un buen padrino ya vale. Carmena ha puesto el dedo en la llaga. Ahora toca ver si en la terra, donde la palabra siempre ha sido ley, se atreven a pasar del lamento a la acción.

Lo que está claro es que la jueza de Valdeorras ha vuelto a dar en el clavo. Y lo ha hecho con la sabiduría de quien sabe que, al final, una democracia sin formación es como una empanada sin relleno: un simple envoltorio.

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Carmen Dorado

Periodista especializada en cultura y sociedad gallega. Colaboradora habitual en medios digitales del noroeste peninsular.

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