Los seis ingenieros que aún trabajan en el centro de innovación La Molinera de Ourense cesarán su actividad el próximo 5 de abril, cuando concluyen sus contratos, y denuncian que la gestión de los últimos cuatro años ha convertido el proyecto en una «estafa» por la falta de dirección y la transferencia de sus desarrollos al servicio municipal de informática. Desde principios de año se está realizando el traspaso de proyectos a los Servicios Informáticos del Concello, un movimiento que, según el propio personal, podría dejar al edificio vacío y paralizar iniciativas tecnológicas necesarias para la ciudad. El abandono material del inmueble y la petición de acceder llamando a un teléfono son, para los trabajadores, la imagen más visible de un fracaso institucional. La situación se enmarca en la polémica gestión ligada a la etapa del alcalde Gonzalo Pérez Jácome, a la que los empleados atribuyen promesas incumplidas y comunicación errática.
Durante las últimas semanas las oficinas de La Molinera muestran un uso muy limitado: salas apagadas, atrios concebidos para el encuentro sin actividad y un cartel que indica que quien quiera entrar debe solicitarlo por teléfono para que le abran por la puerta lateral. Solo una pequeña sala mantiene algo de movimiento, donde los pocos técnicos rematan la transferencia de programas y documentación. El equipo ha participado en proyectos municipales, entre ellos el desarrollo de una aplicación del Concello que, según relatan, sirvió para limar problemas y aportar soluciones prácticas. La sensación general entre los trabajadores es que ese éxito inicial no se ha traducido en apoyo institucional suficiente para consolidar la iniciativa.
Los informáticos subrayan que el centro nació con la vocación de trabajar en inteligencia artificial, pero que la realidad fue distinta: en la contratación inicial lograron superar las pruebas de acceso 13 personas, y el proyecto quedó debilitado cuando el director, David Olivieri, dimitió poco después del arranque. Sin una dirección clara, explican, tuvieron que improvisar y asumir responsabilidades que no siempre correspondían a la planificación original. “Fuimos quienes pusimos en marcha muchas herramientas”, dicen, “pero nunca llegó una hoja de ruta estable que marcara prioridades”. A su juicio, esa falta de liderazgo ha sido determinante para el declive del centro.
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Conoce más →El traspaso de funciones a los Servicios Informáticos del Concello plantea dudas técnicas y de personal. Los ingenieros afirman que los perfiles de este departamento municipal están más orientados a telecomunicaciones y mantenimiento que al desarrollo de software avanzado, lo que puede suponer retrasos en la implantación y mantenimiento de las aplicaciones transferidas. Además, señalan que la pérdida de conocimiento acumulado por el equipo de La Molinera es un riesgo serio para la continuidad de proyectos que dependen de desarrollos especializados. Los trabajadores piden garantías sobre cómo se gestionará ese relevo y quién asumirá la responsabilidad técnica.
El calendario de la transición contempla que los seis técnicos ayuden en las próximas semanas con la documentación y la entrega de códigos, aunque algunos cuentan con días de vacaciones pendientes y aseguran que se marcharán antes de que concluya marzo. La previsión municipal, según fuentes consultadas por este diario, es que el proceso termine el 5 de abril, cuando finalicen los contratos temporales que mantienen a este núcleo reducido de personal. Para los empleados, la salida no solo supone la pérdida de un empleo sino la sensación de que el proyecto de centro de innovación ha sido mal gestionado desde su origen.
La degradación del edificio y la escasa actividad también se interpretan como un síntoma de un problema mayor: La Molinera podría engrosar la lista de espacios municipales cerrados o infrautilizados que acumula el Concello. Quienes trabajaron allí recuerdan las promesas realizadas al inicio del mandato, con anuncios de investigaciones y «mil científicos», que finalmente no se han materializado de forma sostenible. La crítica se dirige tanto a la planificación como a la falta de compromiso para dotar de continuidad a los proyectos tecnológicos que sí llegaron a arrancar.
Fuentes del equipo insisten en que, pese a las dificultades, aportaron resultados tangibles y que ahora se sienten obligados a transferir todo para que otros puedan seguir su trabajo. “Nos pidieron que dejáramos ordenadas las herramientas y el código; no sabemos si se mantendrán ni quién gestionará las actualizaciones”, afirma uno de los informáticos. Entre las preocupaciones está también la falta de previsión sobre el mantenimiento de las aplicaciones y la posibilidad de que el Concello no disponga de recursos adecuados para continuar desarrollos específicos.
El futuro de La Molinera, situado en la trama municipal de Ourense, queda por tanto en el aire: el edificio muestra señales de abandono, el equipo que impulsó sus iniciativas se deshace y los proyectos pasan a manos de un servicio con perfiles distintos. A medida que se acerca la fecha del 5 de abril, los trabajadores y parte de la sociedad ourensana esperan respuestas claras sobre el destino del centro y la continuidad de las herramientas digitales en las que el Concello ha invertido tiempo y recursos.
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