# El asfalto que quema: cuando caminar por Ourense se convierte en un desafío térmico
**El sol castiga sin piedad las calles de la capital ourensana, donde las superficies urbanas acumulan calor extremo y convierten el simple hecho de pasear en una experiencia casi insoportable durante las horas centrales del día.**
La ola de calor que azota estos días Galicia tiene en Ourense uno de sus epicentros más visibles. No solo por los termómetros que marcan temperaturas del aire por encima de los 40 grados, sino por lo que ocurre bajo los pies de los peatones. El suelo de la ciudad, especialmente en zonas sin sombra, se transforma en una superficie que acumula el calor de forma alarmante, rozando los 60 grados en algunos puntos.
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Ver en Hotels.com → PublicidadEste fenómeno, conocido como «isla de calor urbana», no es exclusivo de Ourense, pero aquí adquiere una dimensión particular por la configuración de su casco urbano. Calles estrechas, plazas abiertas sin arbolado, amplias explanadas de hormigón y asfalto oscuro actúan como auténticos acumuladores térmicos que liberan el calor durante horas.
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Ver planes de hosting →## El mapa del calor urbano
Los puntos más críticos se concentran en grandes superficies pavimentadas donde el sol incide de forma directa durante gran parte del día. Las explanadas de Expourense y las inmediaciones de la comisaría de la Policía Nacional han sido identificadas como algunos de los lugares donde el suelo alcanza temperaturas más elevadas. No es casualidad: son espacios abiertos, sin vegetación ni elementos que generen sombra, donde el hormigón y el asfalto actúan como verdaderos radiadores.
La situación se agrava porque, a diferencia de la temperatura del aire, la del suelo no se reduce significativamente por la noche. El hormigón y el asfalto almacenan calor durante el día y lo liberan lentamente, lo que provoca que el ambiente nocturno también sea más cálido. Este efecto tiene consecuencias directas sobre la salud: caminar sobre superficies a 60 grados puede provocar quemaduras en plantas de los pies, especialmente en niños, personas mayores o quienes llevan calzado fino.
## El paradoja del urbanismo moderno
Resulta llamativo que, en pleno siglo XXI, con toda la tecnología disponible para el diseño urbano, muchas ciudades sigan repitiendo patrones constructivos que agravan el calor. Grandes plazas de hormigón, avenidas sin árboles, aparcamientos de asfalto negro: todo ello contribuye a que la sensación térmica sea muy superior a la que marcan los termómetros oficiales.
Ourense no es una excepción. La ciudad ha ido ganando espacios pavimentados a costa de perder zonas verdes. Cada nueva construcción, cada reforma de una calle, cada ampliación de una explanada suma metros cuadrados de superficie que absorberán calor durante décadas. Y mientras tanto, los árboles, que podrían mitigar este efecto proporcionando sombra y evaporando agua a través de sus hojas, siguen siendo escasos en muchas zonas.
La pregunta que surge es inevitable: ¿están los planes urbanísticos teniendo en cuenta el cambio climático? Porque lo que antes era un verano caluroso pero soportable, ahora se está convirtiendo en una situación límite durante cada vez más días al año.
## Medidas que parecen obvias pero no llegan
Existen soluciones conocidas y probadas. Los pavimentos reflectantes, que en lugar de absorber el calor lo devuelven a la atmósfera, pueden reducir la temperatura del suelo entre 5 y 10 grados. Las cubiertas vegetales en edificios y marquesinas de paradas de autobús también ayudan. Y, por supuesto, plantar árboles en todas las ubicaciones posibles no solo proporciona sombra, sino que mejora la calidad del aire y reduce el estrés térmico.
Sin embargo, estas medidas requieren inversión, planificación y, sobre todo, voluntad política. No basta con declarar alertas naranjas o recomendar a la población que no salga a la calle en determinadas horas. La cuestión de fondo es si las ciudades están preparadas para un clima que ya no es el de hace treinta años.
Mientras tanto, los ourensanos y quienes visitan la ciudad tienen que ingeniárselas para sortear las horas de más calor. Buscar calles con sombra, cruzar por zonas de paso elevado, evitar las grandes explanadas a mediodía: pequeñas estrategias de supervivencia urbana que no deberían ser necesarias en una ciudad del siglo XXI.
## Un problema que no admite demora
La situación vivida estos días en Ourense no es un episodio aislado. Es un aviso de lo que puede convertirse en la nueva normalidad si no se toman medidas. Cada verano trae consigo nuevos récords de temperatura, y las ciudades, tal y como están diseñadas hoy, no están preparadas para afrontarlos.
El calor extremo no solo es incómodo: es peligroso. Los golpes de calor, las deshidrataciones y las quemaduras en el suelo son riesgos reales que aumentan cada año. Y mientras no se actúe sobre las causas estructurales —el diseño urbano, la falta de vegetación, los materiales constructivos inadecuados—, las alertas naranjas seguirán siendo un parche sobre una herida que no deja de crecer.
Ourense se enfrenta a un dilema: seguir siendo una ciudad que se derrite bajo el sol cada verano, o empezar a transformarse para ofrecer a sus habitantes un entorno más habitable. La decisión, como casi siempre, está en manos de quienes planifican la ciudad. Pero el tiempo, como el mercurio de los termómetros, no deja de subir.
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