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Quince años del robo del Códice Calixtino: el latrocinio que conmocionó Santiago

Quince años del robo del Códice Calixtino: el latrocinio que conmocionó Santiago

Hace ahora una década y media, el corazón de la Catedral de Santiago de Compostela guardaba un secreto que muy pocos conocían. Sobre un cojín, bajo un paño bordado, descansaba uno de los tesoros bibliográficos más importantes de la cristiandad. Un día de julio, alguien se llevó el Códice Calixtino sin dejar rastro. Doce meses después, el manuscrito apareció intacto en un garaje. El responsable, un antiguo trabajador del propio templo.

Un tesoro bajo llave que dejó de estar seguro

Pocas veces una ciudad entera se paraliza por la desaparición de un libro. Pero no se trataba de cualquier volumen. El Códice Calixtino, custodiado en el archivo catedralicio desde hacía siglos, constituye una pieza fundamental para comprender la historia de las peregrinaciones a Compostela y la construcción del románico gallego. Su valor es incalculable.

Conviene recordar que el acceso a la sala donde se conservaba estaba restringido a un grupo reducidísimo de personas. Tres llaves, tres responsables. Una seguridad aparentemente blindada que se reveló, sin embargo, profundamente vulnerable. Quien sustrajo el manuscrito conocía los horarios, los protocolos, los rincones del edificio. No era un intruso. Era alguien que había formado parte de la casa durante años.

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El desfalco no se limitó al Códice. Junto al manuscrito desaparecieron cantidades en metálico que también se guardaban en dependencias del templo. La suma, ni mucho menos comparable al valor histórico del Códice, añadía, sin embargo, una capa más de turbiedad al asunto. No era un coleccionista obsesionado ni un encargo internacional. Era algo mucho más prosaico.

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Doce meses de incertidumbre en Compostela

A nadie se le escapa que aquellas primeras semanas fueron de pesadilla institucional. La archidiócesis, el Cabildo, la Xunta, el Gobierno central: todos miraban hacia el mismo lugar y todos se hacían la misma pregunta. ¿Cómo había podido desaparecer algo tan único de un recinto supuestamente protegido?

Las semanas se convirtieron en meses. El silencio informativo de las pesquisas policiales contrastaba con el ruido de las hipótesis que circulaban por la ciudad. Había quien apuntaba a un encargo desde el extranjero, quien pensaba en un chantaje interno, quien sencillamente temía que el manuscrito hubiera cruzado ya una frontera para no volver nunca. Mientras tanto, los peregrinos seguían llegando a la Plaza del Obradoiro sin saber que detrás de esa fachada barroca se había consumado uno de los golpes más sonados del patrimonio español.

Lo cierto es que la clave del caso no estuvo en grandes operaciones internacionales ni en pistas forenses sofisticadas. Estuvo en el trabajo minucioso de quienes fueron atando cabos, revisando accesos, entrevistando a empleados y exempleados. Hasta que un nombre, un perfil, una biografía dentro del templo empezó a encajar con las piezas del puzle.

El hallazgo: intacto y escondido en un garaje

Doce meses. Ese fue el tiempo que el Códice Calixtino pasó fuera de su hogar. Cuando las fuerzas de seguridad localizaron el manuscrito, estaba en un lugar tan cotidiano que resultaba casi inverosímil. Un garaje. Un espacio doméstico, anodino, ajeno a toda la parafernalia que la imaginación colectiva había construido alrededor del robo.

Basta con mirar las imágenes de aquel momento para entender el peso simbólico del hallazgo. El manuscrito apareció en perfecto estado de conservación. Ni una página arrancada, ni una iluminación dañada. Quien lo había sustraído lo guardaba como quien guarda un trofeo o un seguro de vida. Nunca quedó del todo claro qué intención última tenía. Vender una pieza así en el mercado internacional habría sido prácticamente imposible: cualquier experto habría reconocido el Códice al instante.

Difícil imaginar un desenlace más afortunado para un robo de estas características. Obras mucho menos conocidas, sustraídas de iglesias rurales, museos locales

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Carmen Dorado

Periodista especializada en cultura y sociedad gallega. Colaboradora habitual en medios digitales del noroeste peninsular.

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