El presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, ha cedido explícitamente a Alberto Núñez Feijóo la decisión sobre si se lanza o no a una moción de censura contra el alcalde de Ourense, Gonzalo Pérez Jácome. La declaración, hecha pública este lunes durante el Consello de la Xunta, marca un punto de inflexión en la estrategia del PP gallego. “Lo que decida Feijóo será lo mejor”, afirmó Rueda. La frase no es un simple respaldo: es una transferencia de poder en pleno escándalo político.
Los hechos
Rueda habló con contundencia tras la reunión del gobierno autonómico en Santiago, donde no se abordó el tema de Ourense en la agenda oficial, pero sí en los pasillos. “Estoy totalmente de acuerdo con él, cuanto antes acabe este gobierno, mucho mejor”, dijo, refiriéndose a Feijóo. Aunque evitó especular sobre si la moción se presentará, no ocultó que existe el riesgo de que se pierda. “No tengo ni idea si va a presentarla o no”, admitió, pero añadió que cualquier decisión del líder popular será “muy meditada”.
El foco está en Ourense, donde Jácome arrastra una sucesión de polémicas: desde la aprobación de las cuentas municipales por cuestión de confianza hasta el caso de presunta prevaricación por la contratación irregular de servicios técnicos. La Fiscalía de Ourense abrió diligencias en abril de 2026, y el juzgado de instrucción número 2 ya ha citado a varios responsables municipales. La situación ha erosionado al PSOE local, que gobierna con apenas dos concejales más que el PP.
Fuentes del entorno de Rueda señalan que el presidente de la Xunta no quiere asumir el peso mediático de un fracaso. Si la moción cae, el coste político recaería directamente sobre el PP. Por eso, la estrategia es clara: que Feijóo, con su peso institucional, tome el mando. “Aquí no hay dudas. La decisión es suya”, dijo un responsable del sector popular en privado. Demasiado tiempo.
Contexto y antecedentes
El PP gallego no es ajeno a las mociones de censura. En 2019, en Ferrol, lo intentó contra el alcalde socialista sin éxito. En Vigo, en 2021, barajó la opción tras la crisis del Puerto, pero finalmente no se materializó. Ahora, en Ourense, la situación es distinta: el PSOE ha perdido apoyo en las encuestas locales. Un sondeo de abril de 2026, realizado por GESOP para la Diputación de Ourense, daba al PP una ventaja de 7 puntos sobre el PSOE. No parece casualidad.
Lo cierto es que el PP siempre condicionó su apoyo a una moción al hecho de que fuera encabezada por su propio candidato. Eso excluye a formaciones como el BNG o Ciudadanos, que ya han mostrado reticencias a impulsar una maniobra sin garantías. “El partido más votado debe liderar cualquier cambio”, repitió Rueda. A nadie se le escapa que esta condición descarta opciones de bloqueo desde la izquierda. Ahí está la clave.
Perspectiva y futuro
Feijóo no ha dado señales claras. Su equipo mantiene silencio. Pero en Moncloa, donde aún conserva influencia, se sabe que una moción fallida en Ourense podría ser utilizada por el PSOE nacional como ejemplo de “golpismo local”. El riesgo no es menor. En un escenario de tensión creciente entre gobiernos autonómicos y centrales, el margen de maniobra se estrecha. “Una moción sin apoyos es un suicidio político”, señaló un analista político de la USC bajo condición de anonimato.
El calendario también presiona. Las elecciones municipales serán en mayo de 2027. Quedan menos de doce meses. Presentar una moción en otoño podría dar tiempo a convocar elecciones anticipadas, pero también exponer al PP a una derrota que dinamite sus opciones. “Hay que calcular el momento, no el deseo”, dijo una fuente cercana al líder popular. Basta con mirar lo que pasó en A Coruña en 2015.
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