La reforma del sistema de pensiones ha aterrizado con fuerza en las conversaciones de las tabernas y las lonjas gallegas. El nuevo requisito para jubilarse a los 65 años exige 38 años y seis meses de cotización, una cifra que se antoja una quimera para buena parte de la población activa de la terra. Mientras en Madrid se habla de medias nacionales, en las rías de Arousa o en las explotaciones agrícolas de la Ulloa, la realidad es bien distinta: carreras marcadas por la estacionalidad, los meses en blanco y la alternancia entre trabajos por cuenta ajena y propia.
El marisqueo a pie, un ejemplo de precariedad cotizadora
Las mariscadoras de la ría de Vigo y de Noia son, quizás, el paradigma de esta nueva encrucijada. Su trabajo depende de las mareas, de las vedas biológicas y de un clima cada vez más imprevisible. Una temporada puede ser buena, pero la siguiente, con un temporal o una toxina, se va al traste. Lo cierto es que muchas de ellas encadenan años con apenas seis u ocho meses cotizados, lo que hace imposible alcanzar esa cifra mágica de los 38 años y medio. «Nos piden una regularidad que nunca tuvimos», comentaba una portavoz de la Asociación de Mariscadoras de Cambados, en una reunión reciente con la Consellería do Mar, recogiendo el sentir general del sector.
Ahora bien, no es solo el mar. El campo gallego, con su minifundio y su agricultura a tiempo parcial, sufre un mal similar. Un agricultor que compagina unas viñas en O Ribeiro con un trabajo temporal en la construcción durante tres meses al año, acumula lagunas de cotización que lastran su futura pensión. De hecho, los datos de la Seguridad Social indican que un 35 % de los autónomos gallegos del sector primario tienen bases de cotización muy bajas, lo que se traduce en pensiones mínimas de entre 600 y 700 euros al mes. Una cifra que, con el coste de la vida actual, obliga a muchos a alargar su vida laboral más allá de los 65.
Salado Golf & Beach Resort
Descubre la oportunidad de inversión más exclusiva del Caribe. Villas de lujo con retorno garantizado del 12% anual en Punta Cana.
Conoce más →«La reforma no entiende de ciclos biológicos ni de cosechas. Exige una linealidad que choca de frente con la realidad de los trabajadores del mar y del campo en Galicia. Nos tememos que muchos se verán abocados a jubilaciones tardías y con pensiones reducidas.» — Secretario xeral de un sindicato agrario gallego.
Hosting WordPress gestionado
Servidores optimizados para WordPress. LiteSpeed, SSL gratis y backups diarios.
Hosting WordPress →
La hostelería estacional y el turismo interior
El tercer pilar de esta tormenta perfecta es la hostelería, especialmente la de las zonas costeras y de interior con fuerte tirón turístico. Un camarero en Sanxenxo trabaja a destajo de junio a septiembre, pero luego pasa el invierno encadenando contratos de fin de semana o, directamente, en el paro. Esa irregularidad, sumada a la alta temporalidad del sector, provoca que muchos trabajadores acumulen carreras de cotización de apenas 30 o 32 años cuando llegan a la edad de jubilación. La diferencia es abismal: para jubilarse a los 65 con el 100% de la pensión, necesitan esos 38 años y medio; si no, la edad legal se desplaza hasta los 66 años y seis meses, o ven reducida su prestación.
Y aquí viene la retranca del asunto. El Gobierno central presume de que la reforma garantiza el poder adquisitivo de las pensiones, pero para muchos gallegos el problema no es solo la cuantía, sino el simple hecho de poder acceder a ella. Galicia es la comunidad con mayor porcentaje de población mayor de 65 años, un 27 %, tres puntos por encima de la media nacional. Esto significa que el sistema necesita más cotizantes jóvenes, pero también que los trabajadores actuales deben poder jubilarse en condiciones dignas. Si no, la brecha entre lo que se cotiza y lo que se recibe se hará insostenible.
La patronal del marisqueo y las cooperativas agrarias ya han solicitado a la Xunta que negocie con el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones medidas específicas para estos sectores. Entre las propuestas, suena con fuerza la de reconocer coeficientes reductores de la edad de jubilación para actividades especialmente penosas o con alta siniestralidad, como el marisqueo o la agricultura de montaña. Sin embargo, de momento, no hay ninguna respuesta concreta. La morriña de un futuro incierto se extiende por las rías y los campos gallegos, mientras el reloj de la cotización sigue corriendo.
Te puede interesar:
Albergue en Sarria — Camino de Santiago desde Sarria
Imperial Perlas — Joyería y complementos
Turismo de Galicia — Rutas, playas y gastronomía