Editorial: la grieta de los ladrillos — 1.500 euros y dos Galicias
Galicia ha cruzado una barrera que hasta hace pocos años parecía impensable: los 1.500 euros el metro cuadrado. Es un dato que deberíamos celebrar como síntoma de dinamismo económico, de atracción inversora, de recuperación del mercado inmobiliario tras años de crisis. Pero la cifra, como casi todas las cifras globales, esconde una mentira. Y la mentira se llama desigualdad.
Porque esa media de 1.500 euros encierra dos realidades radicalmente distintas. En una Galicia —la de A Coruña, Vigo, Santiago, las Rías Baixas, la costa— el metro cuadrado se acerca a los 2.000 euros y los jóvenes que quieren independizarse se encuentran con que el alquiler se come la mitad de su salario. En la otra Galicia —la de Lugo, Ourense, el interior— los precios son la mitad, pero también lo son los salarios, las oportunidades laborales y los servicios públicos. Dos Galicias separadas por el mismo indicador.
El problema no es nuevo, pero se está agravando. La ola de turismo que ha convertido a Galicia en destino de moda, el auge del teletrabajo que ha traído a profesionales de Madrid y Barcelona a las costas gallegas, el interés de los fondos de inversión por el mercado inmobiliario gallego: todo converge en un mismo punto, la presión sobre los precios. Y quien paga las consecuencias es siempre el mismo: el joven que quiere emanciparse, la familia que necesita una vivienda digna, el trabajador que no encuentra alquiler asequible cerca de su puesto de trabajo.
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Conoce más →Las administraciones gallegas han anunciado planes de vivienda pública, ayudas al alquiler y incentivos a la rehabilitación. Son medidas necesarias, pero claramente insuficientes. Mientras tanto, la Ley de Costas y la protección del suelo rural limitan la oferta en las zonas más demandadas, y la especulación hace el resto. No se trata de urbanizar todo el litoral, sino de encontrar un equilibrio entre la protección del paisaje —que es nuestro mayor activo turístico— y el derecho a una vivienda accesible.
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Ver planes de email →El caso de Vigo, donde la piqueta ha caído sobre una vivienda sin licencia dejando solo en pie la piscina, es sintomático de un modelo urbanístico que funciona a base de golpes de efecto en lugar de planificación estratégica. La irregularidad urbanística no se resuelve solo con demoliciones ejemplares: se resuelve con normativas claras, con控制 previo y con una administración ágil que no tarde años en reaccionar.
Ourense, por el contrario, encadena su mejor arranque turístico de la historia. La provincia del interior, la que durante décadas fue sinónimo de despoblación, ahora atrae a visitantes por sus termas, su enoturismo y su patrimonio. Esa misma energía debería inspirar una política de vivienda que aproveche el stock disponible en el interior para ofrecer alternativas reales a quienes no pueden permitirse vivir en la costa. Galicia no tiene un problema de falta de vivienda: tiene un problema de distribución. Y mientras no lo abordemos, la grieta seguirá ensanchándose.
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