Algo más de un millar de personas volvió a tomar las calles de Santiago de Compostela este sábado para denunciar la crisis de la vivienda. La protesta, convocada por el colectivo Xuntanza Pola Vivenda, recorrió un itinerario simbólico que culminó frente a lo que los organizadores denominan «dos monumentos de la especulación»: la inmobiliaria Julio Gerpe y un solar de la Avenida Romero Donallo donde se levanta un bloque de pisos con precios millonarios. La movilización coincidió con otras en A Coruña, Vigo y Ourense, dibujando un sábado de reivindicación habitacional en toda Galicia.
Una marcha que cambió de ruta para señalar al ladrillo
La manifestación partió de la Alameda compostelana y tomó un camino deliberadamente distinto al habitual. «El casco histórico ya está colonizado», explicó Daniel González, portavoz de la plataforma, antes del inicio. La organización optó por pasar frente a la Estación Intermodal y finalizar en Romero Donallo, donde una de las organizadoras leyó el manifiesto de cierre. Allí, entre gritos de «Barrios para vivir, non para especular» y «A nosa casa non é un negocio», se denunciaron las «promesas vacías» del Gobierno central, la Xunta y los ayuntamientos.
El portavoz fue rotundo en sus declaraciones previas: «No solo los alquileres están subiendo estratosféricamente, sino que la calidad de vida está reduciéndose enormemente, especialmente para personas migrantes y jóvenes». La cifra habla por sí sola. Según datos del IGE, el precio medio del alquiler en Santiago ha aumentado un 42% en los últimos cinco años, mientras los salarios apenas han crecido un 8%.
Durante el recorrido, los manifestantes repartieron un folleto que recoge derechos básicos del inquilino, como la duración mínima de cinco años de los contratos y la existencia de prórrogas anuales posteriores. Una forma de llevar la información al vecino de a pie, más allá de la pancarta. La organización también ofreció a los asistentes apuntarse a su próxima asamblea abierta mensual, en un intento de articular «poder popular» desde la base.
El fantasma del turismo y la especulación recorre Compostela
No es menor el dato de que el turismo fue una constante durante toda la protesta. «Queremos veciñas, non turistas» y «Tourists go home, sodes un mojón» resonaron con fuerza entre la multitud. A nadie se le escapa que Santiago, con su casco histórico Patrimonio de la Humanidad, se ha convertido en un imán para las viviendas turísticas. Según el último registro de la Xunta, la ciudad cuenta con más de 1.800 pisos de uso turístico, un 30% más que hace tres años. La presión sobre el alquiler residencial es brutal.
Conviene recordar que esta no es una movilización aislada. Hace apenas un mes, en marzo de 2026, otra marcha similar reunió a cerca de 800 personas en la misma ciudad. Y el pasado otoño, el pleno del Concello de Santiago aprobó una moción para declarar la ciudad como zona tensionada, una medida que sigue sin aplicarse. Demasiado tiempo. La burocracia y la falta de voluntad política chocan con la urgencia de miles de familias que destinan más de la mitad de su sueldo al alquiler.
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