Editorial: Ferrol y la segunda oportunidad industrial que Galicia no puede desperdiciar
Ferrol ha vivido demasiadas despedidas. Despedidas de astilleros que cerraron, de fábricas que redujeron plantilla, de jóvenes que emigraron al extranjero buscando lo que su tierra no podía ofrecer. La ciudad que fue cuna de la marina militar y motor industrial de Galicia ha conocido más cierres que aperturas en las últimas décadas. Por eso, la noticia del proyecto de SAIC, que promete mil empleos entre fábrica y logística, se recibe con una mezcla de esperanza y escepticismo que cualquier ferrolano entenderá perfectamente.
Mil empleos no son una cifra menor. En una comarca que ha perdido población de forma constante desde los años ochenta, cada puesto de trabajo cuenta el doble. SAIC representa la posibilidad de frenar la sangría demográfica, de retener a los jóvenes que se forman en los institutos ferrolanos y de atraer de vuelta a quienes se marcharon. Es, en palabras llanas, la oportunidad de volver a creer en una ciudad que ha demostrado resilientcia infinita pero que ya está cansada de demostrarla.
El proyecto, sin embargo, está lejos de ser una realidad. La industria automovilística es un sector volátil, sujeto a los vaivenes del mercado global, a las decisiones de sede que se toman en juntas de accionistas a miles de kilómetros, y a los cambios tecnológicos que pueden hacer obsoleta una fábrica antes de que se amortice. SAIC llega en un momento en que la transición hacia el vehículo eléctrico está redefiniendo el mapa industrial europeo. Si Galicia quiere ser parte de ese nuevo mapa, no puede conformarse con celebrar titulares: tiene que trabajar para que la planta de Ferrol sea competitiva a largo plazo.
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Conoce más →¿Qué necesita Ferrol para que esta oportunidad no se convierta en otro espejismo? Primero, formación. Los mil empleos que promete SAIC requieren trabajadores cualificados, y el sistema educativo gallego debe adaptarse con rapidez para ofrecer los perfiles que la industria demanda. Los centros de formación profesional, las universidades y los servicios de empleo deben coordinarse para que ningún ferrolano se quede fuera por falta de capacitación.
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Ver planes de hosting →Segundo, infraestructuras. Ferrol necesita conexiones eficientes: puerto, ferrocarril y carreteras en condiciones. La batalla por la AP-9 y los eternos debates sobre el corredor atlántico no son cuestiones abstractas: son la diferencia entre que una fábrica sea viable o no. Si Galicia quiere atraer inversión industrial, tiene que demostrar que puede mover mercancías y personas con la agilidad que el siglo XXI exige.
Tercero, voluntad política. Las administraciones gallegas —Xunta, diputación, concello— deben remar en la misma dirección. Los proyectos industriales de esta envergadura no se sostienen con desencuentros institucionales ni con campañas de imagen. Se sostienen con planificación, con inversión pública estratégica y con un compromiso a largo plazo que sobreviva a los ciclos electorales.
Ferrol ha esperado décadas una noticia como esta. Ojalá esta vez la esperanza no se quede en humo. Porque Galicia no puede permitirse otra despedida.
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