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Una segunda vida para La Panificadora.

Renacerá como residencia de jóvenes y mayores y centro de innovación gastronómico. Descubre los otros usos que se proyectan para la antigua factoría

Gran Vigo La revitalización de una zona neurálgica del casco urbano y Pasado y futuro de la factoría del siglo XX

Una segunda vida para La Panificadora

Renacerá como residencia de jóvenes y mayores y centro de innovación gastronómico. Descubre los otros usos que se proyectan para la antigua factoría

Carlos Prego 02/11/2019

Cuando puso sus motores en marcha por primera vez, entre octubre y noviembre de 1924, La Panificadora era la envidia de la industria alimentaria del país. Con capacidad para elaborar casi 50 toneladas diarias de pan y abastecer a 150.000 personas, más del doble de la población que residía en Vigo en la década de 1930, la nueva factoría de Falperra jugaba en otra liga, la misma en la que se encontraban panificadoras de grandes capitales fabriles, como Nueva York o Berlín. De aquel pasado de esplendor quedan hoy –95 años después– silos vacíos y un gran complejo que hace décadas que no acoge más que basura, pintadas y cada vez más polvo y óxido. Pese a que es uno de los edificios más característicos de la ciudad, pieza clave del skyline y la historia empresarial de Vigo, La Panificadora (des)espera por una segunda vida desde 1981, cuando sus propietarios echaron el cierre a un negocio que llevaba de capa caída desde la década de 1960.

A solo unos años de que la factoría cumpla un siglo de historia, Concello y Zona Franca ultiman un convenio que revivirá el antiguo complejo industrial con nuevos usos que poco tienen que ver con el de 1924, pero que volverán a situar a La Panificadora como pieza clave en el entramado urbano. Ambas administraciones están redactando un acuerdo que –aseguran fuentes conocedoras del proceso– está ya “muy avanzado” y podría culminar este mismo mes. El primer paso para revivir La Panificadora será expropiar sus terrenos, una labor que realizarán conjuntamente el Consistorio, órgano que se encargará de los trámites al otorgarle la ley esa capacidad; y el Consorcio, que aportará los fondos al recibir el aprovechamiento íntegro.

El calendario planteado: en 2020 el proyecto y licitar al año siguiente

El “renacimiento” de La Panificadora como un complejo centrado en la innovación gastronómica, el emprendimiento, la salud y el deporte, coincidirá más o menos con el centenario de la vieja factoría. La fábrica dedicada a la elaboración de pan abrió sus puertas entre octubre y noviembre de 1924, dedicada a la producción de lo que entonces se publicitaba en la prensa como “bollitos japoneses”. El cronograma que manejan Concello y Zona Franca contempla que 2020 sea el año en el que se perfilen los proyectos de la recuperación y licitar en 2021. La Gerencia de Urbanismo se marca de hecho el objetivo de lograr el próximo año la expropiación del ámbito de La Panificadora y redactar el proyecto de urbanización.

Hace dos semanas, al desgranar los presupuestos de la Gerencia de Urbanismo para 2020, el alcalde, Abel Caballero, avanzó que el próximo año será decisivo para La Panificadora. En la memoria que acompaña a sus cuentas, el departamento que dirige la concejala María Xosé Caride garantiza que en 2020 el ámbito tendrá aprobada la Modificación Puntual que ordena la parcela y su enlace con Praza do Rei. Y precisa: “Se desenvolverá conjuntamente con Zona Franca, organismo que reserva cuatro millones de euros de los presupuestos de 2020 para este proyecto”. Una vez se disponga del suelo y las propiedades, la Gerencia prevé redactar el proyecto de urbanización con una partida de 40.500 euros. En líneas generales, en su memoria, el departamento municipal avanza que el próximo año se acometerá la expropiación y elaborará el plan urbanístico. Según apuntan fuentes próximas a Praza do Rei, tanto la parcela como el entorno están en manos de varios propietarios.

Zona Franca y Concello dieron pasos ya este año para recuperar los terrenos. A finales de marzo pasaba por Urbanismo la modificación puntual del Plan Especial del Casco Vello, trámite necesario. Meses después era el Consorcio dirigido por David Regades el que aprobaba unos presupuestos que consigan para 2020 una partida de cuatro millones de euros para “la adquisición de bienes y derechos”. Entre 2021 y 2023 se reservan tres más a razón de un millón por ejercicio. El propósito de Concello y Zona Franca pasaría por elaborar los proyectos necesarios en 2020 y afrontar la licitación en 2021. Hace dos años el organismo local y estatal manejaban un borrador que fijaba el coste global de la recuperación en unos 20 millones y el período de desarrollo en cinco años, lapso durante el que se invertirá una media de cuatro millones por ejercicio. Según se planteaba entonces, el Consorcio asumiría el 60,73% y el Concello el 39,27%.

Acogerá una residencia para mayores y jóvenes, un centro de innovación gastronómica y enología y un restaurante

Lo que ya tienen perfilado ambas instituciones son los usos con los que se revivificará la factoría. El edificio más próximo a Falperra, que supera los 4.000 m2, acogerá una residencia para mayores y jóvenes. El planteamiento que Concello y Consorcio tienen sobre la mesa es que haya sinergias entre ambas dotaciones. Un segundo bloque, con una superficie que ronda los 5.000 m2, albergará el centro de innovación gastronómica y enología para el que –a lo largo de los últimos años– han sonado diferentes ubicaciones, como la ETEA, el pazo del Marqués de Valladares, el antiguo Rectorado o el Tinglado. La Panificadora cumple con uno de los criterios que se había marcado Zona Franca para fijar el centro culinario: que se radicase en el casco histórico de Vigo. En la planta superior se proyecta además un restaurante siguiendo una filosofía similar a la del Basque Culinary Center, instalación de Donostia referente a nivel internacional en el ámbito gastronómico que Regades visitó a finales de septiembre.

Además del centro dedicado al I+D+i culinario, el segundo bloque estaría dedicado también al emprendimiento y el mundo empresarial. A pie de calle se plantea incluso una suerte de salón de usos múltiples que sirva de escaparate para su actividad. Un tercer ámbito –el más próximo a Praza do Rei y que tendría una superficie que supera los 3.000 m2– se centrará en la salud y el deporte. Allí Concello y Consorcio estudian habilitar un gimnasio con piscina, idea que todavía se estaría estudiando, y diversos servicios y actividades ligadas al mundo del cuidado físico.

Joya del patrimonio industrial y del “skyline” vigués

De América a Asia, de Europa a África, una de las “huellas dactilares” que identifica a las grandes ciudades de todo el mundo es su skyline, su silueta, el perfil al que dan forma sus edificios más altos y singulares. En Nueva York lo conforman el Empire State, Rockefeller Center o World Trade Center. En Madrid, las  KIO y las Cuatro Torres. En Londres, el Big Ben, The Shard y la cúpula de la Catedral de San Pablo. En el caso de Vigo La Panificadora añade una pincelada clave a ese horizonte urbano. Los silos y la gran torre central de la vieja factoría es uno de los elementos más característicos del perfil olívico y, por su enclave en pleno corazón urbano, al lado del Castro, quizás el que más llama la atención de los turistas que visitan Vigo. El valor de la vieja factoría abierta en 1924 no solo es arquitectónico o patrimonial; entronca también con otra seña de identidad de la ciudad: su tejido industrial. El músculo empresarial y fabril que desarrolló Vigo a lo largo del siglo pasado se manifiesta en la ciudad a través de inmuebles como La Artística, La Metalúrgica o la fábrica de Bernardo Alfageme.

Para dar forma a La Panificadora sus responsables optaron por el ingeniero Otto Werner y el arquitecto  Manuel Gómez Román, “padre” de otros edificios singulares de la ciudad, como el edificio Mülder, situado en Montero Ríos; o el edificio Banco de Vigo, que se enclava en la confluencia de las calles Colón y Policarpo Sanz. El proyecto seleccionado a principios de 2017 por el Concello para dotar de una segunda vida a la vieja factoría de Falperra busca preservar ese característico perfil de La Panificadora, con sus inconfundibles silos y torres, que pasarán de albergar oficinas y máquinas dedicadas a la industria alimentaria a acoger salas para coworking o el I+D+i gastronómico.

Entre finales de 2016 y principios de 2017 el Concello lanzó un concurso de ideas con las que revivir la antigua factoría de pan. La convocatoria despertó la atención de los arquitectos, que presentaron 35 proyectos –uno de ellos descartado por razones técnicas– planteando diferentes fórmulas para dotar de una segunda vida a uno de los espacios más singulares del centro urbano, joya del patrimonio fabril de Vigo y una de las piezas más singulares del skyline local. De la treintena larga de propuestas, el jurado, compuesto por integrantes del Concello, Zona Franca, Patrimonio y el COAG, se decantó por la diseñada por los gallegos Jorge Salgado y Celso López. Su propuesta  recoge, entre otras dotaciones, una biblioteca en un edificio de 2.500 m2, espacios musicales y para ensayo de teatro y danza, un gimnasio, área de coworking y una cafetería en la planta superior con vistas a la ría de Vigo. En lo alto de los silos se abriría un amplio mirador de alrededor de 200 m2, que se sumaría a un ascensor panorámico. Su diseño ya planteaba destinar dos plantas de La Panificadora al instituto gastronómica. En el Pepri del Casco Vello, el ámbito de La Panificadora alcanza los 10.683 m2.

Instalaciones de La Panificadora en 1927, con la flota de coches de reparto FDV

Reinventarse a los 95 años

La antigua fábrica empezó a funcionar en noviembre de 1924 como un referente estatal: producía 50 toneladas de pan al día

Una vez se disponga de los terrenos, detalle el proyecto constructivo y se liciten y completen las obras, Vigo recuperará una pieza de su patrimonio industrial que –a pesar de su valor– lleva deteriorándose desde que cerró sus puertas a comienzos de la década de 1980 tras 56 años de actividad. Aunque su declive había empezado mucho antes, en los 60, la compañía llegó a distribuir harina a todo el país. Al reducirse el consumo de pan, la factoría viguesa optó por producir piensos y masas alimentarias, una estrategia con la que no logró sin embargo remontar la crisis.

En el despegue de la instalación destaca el papel del empresario Antonio Valcarce, quien en 1917 lanzó la Compañía Viguesa de Panificación. Sus viajes por Europa para estudiar cómo producían pan en Francia o Bélgica ayudó a consolidar la empresa. El encargo de dar forma a la fábrica recayó sobre el arquitecto Manuel Gómez Román y los ingenieros Werner y Buchl, de la casa Werner und Pfleiderer.

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