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El “estirón” de Vigo: de villa a gran metrópoli.

  En 1842, la ciudad acogía a 6.700 vecinos, más o menos la población actual de O Rosal y menos de lo que suma solo Navia | Aguantó el envite de la “gripe española”, éxodo y guerras, y se benefició del músculo industrial fijado entre el XIX y XX.

El “estirón” de Vigo: de villa a gran metrópoli.

En 1842, la ciudad acogía a 6.700 vecinos, más o menos la población actual de O Rosal y menos de lo que suma solo Navia | Aguantó el envite de la “gripe española”, éxodo y guerras, y se benefició del músculo industrial fijado entre el XIX y XX.

FdV - Carlos Prego 08/03/2020

Vigo no siempre fue la ciudad más poblada de Galicia. Ni siquiera de la provincia. Antes de que la industria enraizase con fuerza en la ciudad y se completasen las fusiones con los ayuntamientos de Bouzas y Lavadores, la urbe olívica sumaba menos vecinos que Santiago o A Coruña, por ejemplo. Para muestra, un botón: en 1877 el censo local contabilizaba 13.200 vecinos frente a los 35.700 de la urbe herculina, los 23.600 de Compostela o los 13.700 del consistorio de Lavadores. Hoy Vigo roza los 300.000 empadronados y pugna por alcanzar a Valladolid y convertirse en la decimotercera metrópoli más poblada de España. Los archivos del_INE permiten seguir, paso a paso, la evolución de una travesía demográfica de 180 años.

En el ranking de grandes metrópolis de España hace tiempo que Valladolid siente en la nuca el aliento de Vigo. El empuje industrial de la ciudad, el “tirón” de Navia, el renacimiento del_Casco Vello… han permitido al municipio encadenar –según las tablas del INE– casi un lustro con un alza sostenida de población. A comienzos de 2019 el observatorio estadístico contabilizaba 295.364 residentes censados, dato que el Concello elevaba por esas mismas fechas por encima de los 298.000 y que en los últimos meses situaba en torno a la barrera psicológica de los 300.000. Con ese saldo de vecinos, Vigo estaría a tiro de piedra de arrebatar a la capital pucelana el puesto de decimotercera ciudad más populosa de todo el país. No siempre fue así. Vigo no siempre ha contado sus vecinos en cientos de miles. Ni siquiera en decenas. A duras penas lo hacía en varios miles. Hubo una época en la que tenía más o menos el mismo censo que anotan hoy O Rosal, Vimianzo, Pereiro de Aguiar o Allariz: entre 6.000 y 7.000 residentes.

Gracias a las fusiones con Bouzas y Lavadores el censo se sextuplicó en 50 años

Los archivos históricos del INE muestran que en la década de 1840 en Vigo había 1.770 hogares que sumaban algo más de 6.700 vecinos, prácticamente lo mismo que el ayuntamiento de Lavadores, que acogía 1.500 familias y 6.000 residentes y bastante por debajo de A Coruña y Santiago.

El empuje de la universidad compostelana y su peso religioso, entre otros factores, hacían que Santiago sumase en 1842 más de 22.700 vecinos y la capital herculina 19.400. El censo olívico no superó de hecho a la primera hasta la década de 1910, tras la incorporación de Bouzas. Para adelantar a A Coruña hubo que esperar algo más: a la década de los 50, tras sumar a su vecindario el hasta entonces ayuntamiento independiente de Lavadores. Ni Compostela ni A Coruña son ajenos tampoco a las fusiones de municipios. Hacia 1920 la capital herculina sumó a su censo el de Oza. En Santiago ocurrió algo similar: de 1920 a 1930 incorporó a Conxo y entre 1960 y 1970, Enfesta, lo que le permitió engrosar también su padrón oficial.

Vigo llega a la segunda mitad del siglo XX como un ciudad reforzada, que aventaja en población a A Coruña y Santiago y suma en su censo más de 136.200 residentes. La pregunta del millón es… ¿Cómo consiguió continuar pisando el acelerador demográfico durante los años siguiente para entrar en la década de 1980 con 261.300 vecinos y rozar la segunda década del XXI a las puertas de los 300.000, una marca que solo superan una docena de ciudades en España y que daría a Vigo algunas ventajas extra, como más fondos del Estado –de media transfiere a los ayuntamientos unos 250 euros por habitante– y dos nuevos concejales, lo que elevaría la Corporación municipal hasta los 29 ediles?

¿Cómo creció Vigo? ¿Fue un alza sostenida?

El censo de Vigo es en cierto modo un termómetro de su historia, un filamento que vibra con los cambios sociales, políticos y económicos. Su evolución está íntimamente relacionada con los diferentes capítulos que ha ido pasando la ciudad a lo largo de las décadas. Los archivos digitalizados por el INE permiten seguirlos en detalle entre 1842 y la actualidad.

Estas son algunas de las páginas relevantes de ese relato de 170 años.

Conserva y naval

Vigo lleva la industria en su ADN. Hoy, en pleno siglo XXI. Y hace más de siglo y medio, cuando la ciudad tomaba impulso empresarial. En la crónica económica de Vigo hay fechas clave que se remontan a finales del XIX y comienzos del XX. Por ejemplo, 1882, cuando Benigno Barreras i Casellas monta en la Alameda su fábrica de conservas “al estilo de Nantes”, un actividad entroncada con la vieja industria de salazón que se remonta al pasado romano de la ciudad. Poco después Salvador Massó Palau abría su fábrica al otro lado de la ría, en Bueu. Otras fechas clave son 1892, 1916 y 1919, años en los que se fundan, respectivamente, los astilleros Barreras; Cardama y Vulcano. Poco a poco se arma en la ciudad un robusto músculo industrial que se verá reforzado con negocios como La Metalúrgica, La Artística o el Banco de Vigo, abierto en 1900. El entramado económico será decisivo para atraer población. Entre 1887 y 1900 el censo de la ciudad se dispara un 55% hasta sumar alrededor de 23.100 residentes.

Éxodo migratorio

El mundo de oportunidades que se divisaba más allá del océano, al otro lado del Atlántico, animó a riadas enteras de gallegos a buscar fortuna en América a finales del siglo XIX y comienzos del XX. Entre 1885 y 1930 se estima que más de 900.000 gallegos cruzaron el charco rumbo a América, un dato complejo de calcular –advierten los expertos– debido a “los altos índices de clandestinidad” que se registraban. El flujo decae en la década de los 30, tras la gran crisis mundial de 1929. Los principales puertos de salida fueron A Coruña, Vilagarcía-Carril y Vigo, desde dónde partían sobre todo ourensanos y pontevedreses con destino Argentina, Brasil y Uruguay. Durante ese período el padrón olívico experimentó un crecimiento constante. Hacia 1897 deja sin embargo una lectura curiosa: en la ciudad había 1.300 individuos más “de hecho” que “de derecho”. ¿Qué diferencia hay? Los primeros son las personas que dormían en la ciudad cuando los técnicos elaboraron el censo; los segundos, aquellos que tenían su residencia oficial. A mediados del siglo XX vuelve a darse en España un flujo de emigración relevante hacia Europa. En 1959 España y Suiza firmaron un convenio que facilitaba el traslado. En el país helvético residen 41.100 gallegos, si bien es cierto que la mitad son de la provincia de A Coruña.

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Fusiones de ayuntamientos

La unión hace la fuerza. También a nivel municipal. Una de las claves de que Vigo roce hoy los 300.000 residentes fue la unión del ayuntamiento de Bouzas en 1904 y la de Lavadores, en 1941. Cuando se integró en Vigo la villa boucense –que había sido una institución independiente desde 1836– sumaba cerca de 7.600 vecinos que se sumaron a los más de 23.000 que estaban registrados en Vigo. Resultado: en 1910 las autoridades contabilizaban ya 41.500 habitantes en Vigo. La siguiente unión llegó al finalizar la Guerra Civil, cuando “La Pequeña Rusia” –como se conocía a Lavadores– quedó formalmente fusionada con a urbe olívica. La antigua villa independiente aportó al censo unos 39.100 vecinos, muchos de ellos trabajadores de fábricas, astilleros o peones de la construcción, que dispararon el censo vigués. En 1950 el padrón rozaba los 136.300 vecinos.

La “gripe española"

La mal llamada “gripe española”, nombre que recibió por la información que se daba sobre la pandemia en España, país neutral en una Europa inmersa en la Primera Guerra Mundial, se llevó millones de vidas por delante entre 1917y 1920. En todo el mundo se estima que precipitó la muerte de varias decenas de millones de personas. Vigo no permaneció ajena a su latigazo. Solo en 1918 dejó un saldo de 600 fallecidos, una cifra notable para una ciudad que por entonces acogía a unas 53.600 personas. La pandemia alimenta la crónica negra de un siglo que aglutinó, durante su primera mitad, dos conflagraciones mundiales y una guerra fraticida en España.

En 1918 la pandemia dejó más de 600 muertes en una urbe de 53.600 residentes

Desarrollismo y arranque de PSA

La década de 1950 deja hitos que influyen aún hoy en la economía de la comarca. Y con fuerza, además. En 1958 arranca la actividad de la factoría de Citroën en Vigo. Con el paso de las décadas la marca gala fue ganando peso en el tejido económico de la ciudad, su entorno y la provincia hasta convertirse –en pleno siglo XXI– en uno de los grandes actores económicos de Galicia. Al igual que la industria naval o la conservera, la automovilística contribuyó a generar riqueza y atraer y anclar población en el municipio. El otro capítulo relevante de finales de la década de los 50 tiene clave estatal: el arranque del Desarrollismo. En 1959 se aprobó el Plan Nacional de Estabilización Económica, que ayudó a disipar el sistema autárquico de la posguerra y contribuyó a un importante despegue económico. En la década de 1960 la ciudad contaba ya 33.500 hogares.

Cuando Vigo fabricó el coche del Rey

De Balaidos slió en 1977 un modelo del que solo se hizo una unidad, que Citroen Hispania regaló a Juan Carlos I: un Cx Prestige de casi 5 metros de largo.

El “baby boom”

Entre 1960 y mediados de la década de los 70 España vivió una explosión de natalidad que se ha bautizado como “baby boom”. Sus datos suenan casi a ciencia ficción en un escenario como el actual, que por la caída de los nacimientos y el paulatino envejecimiento de la población se ha ganado un apelativo diametralmente opuesto: el de “invierno demográfico”. Solo en 1964 en España se alcanzó la sorprendente marca de 698.000 nacimientos. Vigo no fue ajeno a ese “boom”. Si en 1960 había censados en la ciudad 145.400 personas, dos décadas después, a comienzos de los 80, eran ya 261.300. En cuestión de 20 años el censo se había disparado casi un 80%.

Navia, motor demográfico

Pocas decisiones han influido tanto en el censo de Vigo como la de impulsar el polígono residencial de Navia, el PAU. En 2004 concluía la construcción de los primeros grandes edificios en el barrio y poco después se trasladaban sus residentes. Aunque no han pasado ni 20 años desde entonces, el PAU superaba a inicios de 2019 los 9.500 vecinos. 1.200 más que solo un lustro antes. La Xunta tiene sobre la mesa un proyecto que inyectará cerca de 1.600 nuevas viviendas. 

9.500

2019

8.200

2014

Flujos migratorios y crisis

La primera década del siglo XX se despidió con una severa crisis que no tardó en enfriar el padrón. A la pérdida de empleo le siguieron dos efectos, de tendencias opuestas, pero con idéntico efecto: un descenso de vecinos. El flujo de inmigrantes, intenso en el pasado –entre 2006 y 2010 la ciudad ganó 6.200–, se frenó en seco y empezó a contraerse. A la par, se incrementó el número de vigueses, sobre todo jóvenes, que salían al extranjero en búsqueda de oportunidades. La pérdida de población se revirtió hacia 2015.

Couso Galán
Adolfo Dominguez
Blusens
Astilleros Barreras

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