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Desde Noruega a Galicia solo para casarse en este pazo de Sergude.

Flechazo vía Instagram: Christina y Joakim descubrieron Sergude a través de esta red social. Les gustó tanto que decidieron que tenían que casarse allí. «Era el sitio de nuestros sueños», confiesa la pareja, que lo reservó sin haberlo visitado.

Desde Noruega a Galicia solo para casarse en este pazo.

Flechazo vía Instagram: Christina y Joakim descubrieron Sergude a través de esta red social. Les gustó tanto que decidieron que tenían que casarse allí. «Era el sitio de nuestros sueños», confiesa la pareja, que lo reservó sin haberlo visitado. Su familia y amigos viajaron con ellos

CATERINA DEVESA
16/11/2019 16:56 h

No hay distancia que esté lejos. Eso es lo que pensaron Christina y Joakim cuando buscando sitios para celebrar su boda en Instagram se encontraron con un vídeo del pazo de Sergude, en Ponteceso. «Extrañamente nos salió ese vídeo, ya que vivimos muy lejos, en Noruega», explica Christina, que admite que en un primer momento los kilómetros eran un claro obstáculo. «Lo primero que hicimos fue ver qué vuelos había de Oslo a Galicia y entonces nos dimos cuenta de que no teníamos conexión directa por lo que no podía ser, ya que sería un viaje demasiado largo para nuestros invitados», admite la pareja, que continuó con su búsqueda. Sin embargo, no apareció nada tan mágico. «No podíamos parar de pensar en Sergude y por eso decidimos que nos teníamos que casar allí sí o sí. Era el sitio de nuestros sueños», confiesan. «Nos escribieron en octubre del pasado año y empezamos con los trámites para la reserva de la fecha. En principio estaban interesados en un sábado de septiembre, pero finalmente por el número de invitados eligieron un viernes. Decidieron que querían reservar sin ni siquiera haber visto el pazo en directo», dice Paula Vázquez de Boketé, responsables del espacio. Tanto les gustó Sergude que a finales de ese mismo mes de octubre ya tenían firmado el contrato. «Lo visitaron por primera en la primera prueba del menú, a finales de enero del 2019. Se quedaron total y locamente enamorados de él, les gustó más incluso que en las fotos».

Graciela Vilagudín

Convencidísimos de su decisión, Christina y Joakim comenzaron a decidir los detalles del enlace. «La ceremonia la ofició un sacerdote noruego y duró en torno a 45 minutos, todo se hizo según la tradición de su país», explican desde Boketé. Porque la pareja no tenía ninguna conexión con Galicia ni había estado aquí antes. «En cuanto llegaron al pazo, los invitados entendieron porqué les habíamos hecho viajar tan lejos», comenta Christina, que está feliz de haberle descubierto a su gente «este lugar tan bonito». Porque antes de la boda, todos disfrutaron de una noche a los pies del Atlántico, en la discoteca Moom57. «Son dos sitios diferentes y de esa forma pudieron conocer más de Galicia», relatan.

Graciela Vilagudín

PULPO Y ALBARIÑO

A la hora de elegir el menú, los novios optaron por un aperitivo con diez productos entre los que no faltó el pulpo con cachelos, ya que además del pazo, nuestra gastronomía también les fascinó. «Pusimos también jamón ibérico con pan de aldea, una minifajita de salmón ahumado con guacamole, croquetas de jamón y langostinos, entre otras cosas», dice Paula, que añade: «Para beber, Estrella Galicia y Corona mexicana, y después un albariño y un rioja».

Lo que querían los novios era un puesto de ostras «y para ello contrataron a una empresa de Barcelona», aclaran desde Boketé. «Aunque la comida fue totalmente gallega, toda la boda fue a lo noruego. Una vez servido el entrante, una ensalada de cigalas con salmón marinado y aliño cremoso de hierbas, unos presentadores salieron al medio del salón para reclamar a los invitados que dieron unos discursos de una hora con proyecciones en el medio incluidas», relata Paula. Con el primer plato, solomillo de ternera al foie con salsa de Oporto, se repitió la jugada. Ya para cerrar la cena, una copa de fresas maceradas al ron con sorbete de maracuyá y milhojas caramelizadas de nata y crema con frutos rojos. «Justo después tuvo lugar el brindis con el chupito Kamikaze que le servimos a todos los invitados», indican los organizadores.

Graciela Vilagudín

Después, comenzó la fiesta en la que no faltó la barra libre. Y si durante los aperitivos el encargado de amenizar el ambiente fue un amigo de los novios con su guitarra, el que hizo bailar hasta el amanecer a los asistentes fue un DJ noruego. Quién sabe, quizá alguno de los invitados vuelva para casarse en un pazo que sin duda está de moda.

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